Lenia Batres es, a un año de la nueva Suprema Corte de Justicia de la Nación, la ministra que más se aparta de la mayoría. La señora vota en contra en alrededor del 24.6% de los casos, muy por encima de Sara Irene Herrerías o María Estela Ríos. Las diferencias no son sólo jurídicas; se han vuelto públicas, personales y, en varios momentos, tensas. Lo peor del caso es que la señora Batres no vota en contra por convicción jurídica o legal, sino sólo por llevar la contraria. Por ello no extraña que nadie la quiere cerca, al lado, expeliendo ese mal olor que despiden los estultos.
Eso quedó claro durante el Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. Mientras los ministros recorrían los pasillos de Palacio Nacional lo hacían en grupos. En un primer grupo iban pegados hombro a hombro los ministros Giovanni Azael Figueroa Mejia, Arístides Rodrigo Guerrero García, junto con las ministras Estela
Ríos González, Loretta Ortiz y Yasmín Esquivel Mossa. Los cinco iban al mismo paso, atrás de ellos, a paso veloz, la ministra Lenia Batres trataba de alcanzarlos. El ministro Arístides Rodrigo se dio cuenta de que su colega trataba de alcanzarlos, pero ni detuvo el paso, ni pidió a sus compañeros que se detuvieran para que Lenia Batres se les uniera. Cansada de perseguirlos, Lenia Batres prefirió desistir; se quedó con su tufo, solita, caminando por los pasillos de Palacio.
