El discurso nos prometió el fin del amiguismo, el destierro del tráfico de influencias y la muerte de la tajada entre conocidos. Nos dijeron que la austeridad sepultaría los vicios del pasado. Hoy, la realidad nos escupe en la cara una verdad incómoda: el compadrazgo no murió; solo cambió de apellidos, de discursos y de dueños. El caso de Mauricio Garduño González Elizondo y su rentable cercanía con Andrés Manuel López Beltrán, «Andy», no es una anécdota desafortunada ni un malentendido mediático.
Es el retrato hablado de cómo funciona el poder en este país. Cambian los colores del partido, pero la fórmula para amasar fortunas a la sombra del presupuesto permanece intacta: estar en el círculo de confianza del hijo del poder.
SixSigma Networks México, es la empresa proveedora de tecnologías de la información e infraestructura de conectividad, fundada por él y que le permitió enriquecerse en pocos años, desde luego, gracias a las influencias de “Andy”. Hoy podemos ser testigos del craso tráfico de influencias, algo que Morena y la presidenta Sheinbaum siguen negando.
