En los próximos años la palabra fracaso tendrá nuevas sinonimias en México: Tren Maya, AIFA, Dos Bocas, Megafarmacia y Tren Interoceánico. Todos estos, proyectos de Andrés Manuel López obrador. Parece que al tabasqueño nada le salió bien, ni los hijos. Resulta que el Tren Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, proyecto emblemático impulsado durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador e inaugurado a finales de 2023, enfrenta serias dificultades operativas y financieras. Con un costo total de 62 mil millones de pesos, casi el triple de la estimación inicial de 20 mil millones, depende del erario público para cubrir el 97 % de sus gastos operativos; los ingresos propios apenas aportan el 3 % restante.
Operado por la empresa estatal Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec (bajo la Secretaría de Marina), el sistema de carga y pasajeros ha movilizado sólo 1.1 millones de toneladas de mercancías desde el inicio de operaciones comerciales, una cifra muy inferior a los volúmenes de operadores privados como Ferromex. Cuenta con apenas 13 clientes corporativos fijos (entre ellos Cemex y ADN Energía) y generó ingresos de apenas 177 millones de pesos entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025; para 2026 se proyectan unos 65 millones.
En el tráfico de pasajeros, la demanda promedio es de alrededor de 5 mil usuarios mensuales, lo que lo convierte en un servicio de carácter predominantemente social y no rentable. A estos problemas se suman fallas de infraestructura: la estación de Salina Cruz, Oaxaca, lleva cerrada ocho meses tras un descarrilamiento, y el tren ha registrado al menos ocho siniestros, el más grave el del 28 de diciembre de 2025 en Nizanda, Oaxaca, que dejó 14 muertos y más de 100 heridos. Recortes presupuestales han limitado el mantenimiento, agravando la situación.
