En medio del caos, empujones y tensiones entre jugadores de ambos equipos tras el pitido final del Mundial 2026, Yamal se aisló para dar gracias a su dios. No se fue a los vestidores, no se fue a un lugar apartado, no cerró la puerta de la habitación para orar en secreto y así, su “Padre” que lo mira en secreto lo escuche. Lamine Yamal, como los fariseos de los tiempos de Jesús, se hincó en medio del estadio, a la vista de millones de personas, consciente de que esos millones de personas lo estarían viendo.
De hecho, millones de personas aseguran que el joven jugador es un gran ejemplo, porque mientras los demás jugadores peleaban, él se dirigía a su dios: «En el momento más grande de su carrera eligió la fe y la humildad. Eso es un verdadero campeón»; «Lamine Yamal pausó para orar y agradecer a Dios antes de unirse a la celebración de sus compañeros»; «Una postal icónica del Mundial: oración en medio de la tangana. Respeto total»; «El contraste es brutal: todos peleando y él conectado con Dios. Inspirador».
Esos comentarios, que se multiplican por miles, ya son su galardón. Quizá, porque Lamine Yamal no es cristiano, ignora las palabras de Jesús: «También, cuando oren, no hagan como los hipócritas. A ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles principales para que los demás los vean. Les aseguro que ellos ya han recibido toda su recompensa. En cambio tú, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto y, después de cerrar la puerta, órale a tu Padre, que está en lo secreto. Y entonces tu Padre, que mira en secreto, te lo pagará».
