Folarin Balogun, delantero del equipo de Estados Unidos jugará contra Bélgica. La presión de Trump a la FIFA logró que revirtieran su tarjeta roja

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Folarin Balogun, delantero del equipo de Estados Unidos jugará contra Bélgica. La presión de Trump a la FIFA logró que revirtieran su tarjeta roja FOTO: WEB

En el partido de dieciseisavos de final del Mundial 2026, disputado el 1 de julio, Folarin Balogun, delantero estrella de la selección de Estados Unidos y máximo goleador del equipo con tres tantos, recibió una controvertida tarjeta roja directa tras pisar el tobillo del bosnio Tarik Muharemović. La jugada fue revisada por el VAR y el árbitro Raphael Claus la consideró juego peligroso, expulsándolo y dejando a EE.UU. con 10 jugadores en la victoria 2-0 ante Bosnia y Herzegovina. Inicialmente, según las reglas de la FIFA, la roja implicaba una suspensión automática de un partido sin derecho a apelación ya que la revisión del VAR se considera definitiva. Balogun se perdería los octavos de final ante Bélgica, programados para el lunes 6 de julio en Seattle. La Comisión Disciplinaria de la FIFA confirmó que solo sería un partido, sin extender la sanción.

Sorpresivamente, la FIFA anunció que suspende la ejecución de la sanción por un período de prueba de un año. La tarjeta roja queda registrada, pero Balogun queda habilitado para jugar contra Bélgica. Si comete una infracción similar durante el período de prueba, la sanción se activaría. Esta medida, poco común pero con precedentes, como en el caso de Cristiano Ronaldo antes del torneo, ha generado gran polémica y acusaciones de favoritismo hacia el país anfitrión. El presidente Donald Trump celebró públicamente la decisión en redes: «¡Gracias a la FIFA por hacer lo correcto y revertir una gran injusticia!».

Antes de la reversión, fans, medios y figuras como Clay Travis y el secretario de Estado, Marco Rubio instaron a Trump a intervenir, invocando incluso su relación con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, a quien Trump le otorgó o recibió un “FIFA Peace Prize”. Hay reportes de llamadas desde la Casa Blanca a Infantino exigiendo el “perdón”. Esto ha alimentado fuertes sospechas de interferencia política y posible favoritismo hacia la selección local, en un Mundial co-organizado por EE.UU. Críticos ven en esto un ejemplo más de la influencia de Trump en organismos deportivos internacionales, mientras que defensores lo celebran como corrección de una injusticia arbitral.

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