En las últimas semanas de febrero y principios de marzo de 2026, grupos de jóvenes, colectivos vecinales y organizaciones antigentrificación en la Ciudad de México han realizado protestas contra el Mundial de Fútbol FIFA 2026, argumentando que acelera procesos de despojo, desplazamiento forzado, limpieza social y gentrificación en barrios populares. Las manifestaciones, como la marcha del 27 de febrero desde Metro Chilpancingo hasta la Secretaría de Turismo (Sectur) local, y otra reciente reportada el 2 de marzo, denuncian: Aumento desproporcionado de rentas (en algunos casos hasta 155 % según activistas previos) y especulación inmobiliaria en zonas cercanas al Estadio Azteca (Coyoacán, Tlalpan, Santa Úrsula Coapa) y colonias centrales.
Obras de remodelación y desarrollos que desplazan a residentes y afectan comercios locales sin planes claros de vivienda post-evento. Turistificación acelerada por la llegada masiva de visitantes extranjeros, priorizando infraestructura para turistas sobre el derecho a la vivienda de habitantes originarios. Consignas comunes incluyen «El Mundial nos vale», «Gentrificación es despojo», «Vecino callado será gentrificación» y alertas sobre «gringos que te roban tu vivienda».
Colectivos como el Frente Antigentrificación Ciudad de México exigen mesas de diálogo, declaratoria oficial contra la turistificación, regulación de plataformas como Airbnb y políticas que garanticen vivienda accesible. Estas acciones se enmarcan en críticas más amplias al modelo de megaeventos deportivos (como en Qatar 2022 o Brasil 2014), donde se documentan impactos similares de exclusión urbana. Las protestas han sido mayoritariamente pacíficas, con entrega de pliegos petitorios, aunque algunos reportes mencionan cierres viales y llamados a boicotear el torneo.
