El falló del Primer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Séptimo Circuito parece tan obvio que uno se pregunta, cómo es que académicos que toda su vida la dedican al escrutinio de las leyes, hayan pasado por alto semejante obviedad, la autonomía de la Universidad Veracruzana, es decir, la capacidad de la institución para tomar sus propias decisiones, así estén fuera de la ley. Esto lo comentamos porque el Tribunal Colegiado «resolvió por unanimidad que la decisión de la Junta de Gobierno de la Universidad Veracruzana (UV) de prorrogar en el cargo al rector Martín Gerardo Aguilar Sánchez no puede ser impugnada mediante juicio de amparo al tratarse de un acto emitido en el ejercicio de la autonomía universitaria».
Hasta parece una perogrullada. Lo que queda en evidencia, después de un prolongado proceso, es el rechazo en contra del insustancial Martín Aguilar, uno de esos sujetos que si está no sobra y si se va no falta. Ya lo habíamos dicho, Martín Aguilar es «como la caca del perico… ¡que ni hiede, ni huele!».
Baste darse una vuelta por algunos campus, algunas facultades de la Universidad Veracruzana para que quede patente que Martín Aguilar es el rector más repudiado de la historia de esta institución. El señor se queda como rector, pero lo espurio, ¿quién se lo quita?
