Donald Trump es un sujeto que se ha dado a conocer por su prepotencia, por su megalomanía, por la certeza de creerse el dueño del mundo, por el afán de poner a todos los líderes del mundo a sus pies. De hecho, cuando un líder en el mundo lo contradice o señala las aberraciones políticas del presidente de los Estados Unidos éste se va a los insultos y amenazas en contra de él. Eso hizo en contra del primer ministro de Canadá, Mark Carney y del presidente de Francia, Emmanuel Macron.
Por supuesto, cuando un presidente o presidenta se somete a su voluntad, cuando es obediente y no se resiste a sus caprichos, entonces el presidente Trump llena de halagos a esa presidenta. Eso es lo que pasa con Claudia Sheinbaum, de quien Donald Trump dijo: “Tuve una conversación telefónica muy productiva con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. Fue muy positiva para ambos países. Gran parte de la conversación se centró en la frontera, la lucha contra el narcotráfico y el comercio.
Pronto volveremos a hablar y, en última instancia, programaremos reuniones en nuestros respectivos países. México tiene un líder maravilloso e inteligente. ¡Deberían estar muy contentos por ello! PRESIDENTE DONALD J. TRUMP”. Si Claudia Sheinbaum tuviera la dignidad de Mark Carney, seguramente Trump no lanzaría tantos halagos para ella.
