Fray Orencio, apóstol de los periodistas, no tiene ningún empacho en publicar en sus redes sociales alabanzas y vítores para la gobernadora de Veracruz. Claro, como él mismo dice, «es su opinión personal». Pero, ¿dónde queda la congruencia? ¿Cómo se puede ser defensor de los periodistas, al tiempo que de manera abyecta se rinde ante el mayor agresor de periodistas, el gobierno? Pero no hay que hablar mal del presidente de la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas, porque de inmediato el señor se hace la víctima.
Sobre sus declaraciones sobre el homicidio del periodista Carlos Castro, Fray Orencio declaró que el homicidio «pudiera no estar relacionado con su actividad periodística». Al ser cuestionado sobre esa aseveración el protector de los periodistas tuvo que decir que esa era su opinión personal. Ante los diputados del Congreso de Veracruz, Baqueiro sollozó: «Déjeme decirle que yo también soy víctima de mis compañeros periodistas».
¡Pobrecito! Luis Ramírez Baqueiro, a quien le dieron el premio de la CEAPP por su abyección a la 4T ahora tiene que lidiar con un obligación que repudia, atender las quejas de los periodistas, incluidos los que lo victimizan. Todos sabemos que Fray Orencio preferiría vestirse de porrista y acompañar a la gobernadora Rocío Nahle a sus eventos para echarle porras alzando los pompones de color guinda. Pero no, Dios lo castigó por ambicioso. Quería vivir del presupuesto, pero no lidiando con periodistas que lo ponen al borde del llanto.
