Cooksey, liberado de prisión meses antes tras una condena por homicidio involuntario, fue vinculado a los crímenes mediante evidencia como un arma encontrada en el apartamento de sus familiares, llaves de vehículos de víctimas y joyas. Las víctimas incluyeron personas al azar, como un guardia de seguridad y una mujer secuestrada y agredida sexualmente.
La fiscal del condado de Maricopa, Rachel Mitchell, declaró: «Se necesita un mal especial para cazar a los vulnerables y quitar innecesariamente la vida de ocho inocentes. La muerte es el único castigo justo». El caso, que duró siete meses en juicio, marca un raro uso de la pena de muerte en Arizona reciente.

