En 2025, la escalada de violencia por la disputa interna del Cártel de Sinaloa entre facciones como “Los Chapitos” (hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán) y “La Mayiza” (leales a Ismael “El Mayo” Zambada) ha transformado los bosques de Sinaloa, Durango y Chihuahua en un campo de batalla, desencadenando la peor temporada de incendios forestales en la última década. Iniciada en septiembre de 2024 tras la captura de Zambada en EE.UU., esta guerra involucra tácticas como minas terrestres, explosivos lanzados por drones y avionetas, y quema intencional de vegetación para desplazar comunidades indígenas y controlar el tráfico de madera.
De enero a junio de 2025, más de 281,000 hectáreas de bosque ardieron en la Sierra Madre Occidental, equivalente a dos veces el tamaño de la Ciudad de México, superando las 124,000 hectáreas del mismo periodo en 2024 y el total anual de 130,000 de ese año, según datos del Sistema Nacional de Incendios Forestales de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) y Global Forest Watch. El impacto ambiental es devastador: la pérdida de biodiversidad, erosión del suelo y emisiones de CO2 agravan el cambio climático regional.
Socialmente, ha desplazado a miles de familias, cerrado escuelas y clínicas, e impedido el acceso de brigadas contra incendios por miedo a explosivos, permitiendo que llamas como la de mayo en Concordia, 9,782 hectáreas, se propagaran sin control. Expertos como James MacCarthy de Global Forest Watch atribuyen esta crisis directamente al crimen organizado, que usa el fuego como arma para apoderarse de recursos forestales.
