El día 26 de noviembre, un tiroteo intencionado dejó muertos a dos miembros de la Guardia Nacional de Virginia Occidental en el cruce de las calles 17 e I, a menos de 500 metros de la Casa Blanca, en Washington D.C. El incidente, descrito como un “ataque a tiros” por la alcaldesa Muriel Bowser, sorprendió a los soldados mientras patrullaban una zona concurrida por turistas y funcionarios. Inicialmente heridos de gravedad y hospitalizados, su fallecimiento fue confirmado por el gobernador Patrick Morrissey, quien inicialmente reportó la tragedia en redes sociales.
La Guardia Nacional había sido desplegada en la capital desde agosto por orden del presidente Donald Trump para combatir la criminalidad, con autorización para portar armas; este contingente incluía refuerzos de estados republicanos como Virginia Occidental. Trump, ausente en Florida, reaccionó en Truth Social prometiendo que el atacante, un sospechoso herido y detenido, «pagará un precio muy alto».
La Casa Blanca activó alerta máxima temporalmente, cerrando accesos y evacuando personal, antes de rebajarla a “alto riesgo”. En respuesta, EE.UU. desplegará 500 militares adicionales en la ciudad. El FBI investiga el caso como posible acto de violencia dirigida, en un contexto de tensiones por el aumento de la criminalidad en D.C. No se reportan más víctimas, y la zona permanece acordonada.
