El gobierno de Claudia Sheinbaum lanzó a sus aduladores a descalificar una marcha legítima, nacida del hartazgo, nacida del desencanto de un gobierno que juró que iba a hacer las cosas diferentes. El gobierno de Morena negó la necesidad de manifestarse, como si en este país no hubiera un Adán Augusto López ligado a La Barredora, como si en este país no hubiera una Marina ligada al huachicol fiscal, como si en este país no existieran los hijos de López Obrador, que ahora son multimillonarios sin tener una empresa, sin haber trabajado. Niegan la necesidad de una manifestación como si el Cártel Jalisco Nueva Generación no estuviera matando a nuestros hijos, como si los cárteles de la droga no hubieran puesto a muchos de los gobernadores de este país.
Niegan la necesidad de una manifestación como si hubiera medicamentos en los hospitales, como si hubiera trabajo para los jóvenes, como si no hubieran asesinado arteramente a Carlos Manzo. Y como niegan la necesidad de una manifestación, entonces no les importó dar la orden de reprimir, de reprimir cobardemente, como lo hicieron con el hombre de la bandera en el Zócalo, como lo hicieron con una niña a la que le arrojaron gas lacrimógeno.
Gobierno cobarde que se quiso esconder tras unas vallas, que quiso ocultar su vergüenza, que no pudo dar la cara. Ahora acusan a la derecha de incentivar la manifestación, como si los jóvenes no tuvieran voluntad propia, como si la derecha tuviera tanto poder de convocatoria. Con sus argumentos falaces, su represión y su desvergüenza sólo demuestran que son un gobierno cobarde.
