Las acciones de AMLO, desde su estrategia de seguridad hasta sus reformas constitucionales y políticas económicas, han configurado un entorno complejo para el gobierno de Claudia Sheinbaum frente a la administración de Donald Trump. La liberación de figuras clave como Ovidio Guzmán y Salvador Cienfuegos, la militarización de la seguridad, el aumento de la deuda pública y la alineación con la agenda anti-China de EE.UU. han generado compromisos y tensiones que la presidenta Claudia Sheinbaum debe gestionar.
Su enfoque diplomático, basado en un “liderazgo con cabeza fría” y cooperación “estratégica”, que no es otra cosa que ceder a lo que el gobierno de Trump le pida, le ha permitido obtener exenciones temporales de aranceles, pero enfrenta el desafío de equilibrar la soberanía nacional con las demandas de Trump, mientras mantiene las promesas sociales y económicas heredadas de AMLO.
Es decir, la sombra del presidente López Obrador es un fardo con el que debe de cargar. Por supuesto, otra cosa sería si la presidenta se desligara completamente de López Obrador y entregara a sus cómplices, esos que se aliaron con el crimen organizado, incluyendo a sus hijos.
