El uróboro generalmente es representado como una serpiente con su cola en la boca, devorándose a sí mismo. Representa la naturaleza cíclica de las cosas, el eterno retorno y otros conceptos percibidos como ciclos que comienzan de nuevo en cuanto concluyen. Cuando el expresidente Andrés Manuel López Obrador salió del escenario político, este se encargó de que su legado continuara con el ungimiento de su hijo como secretario de su rentable y exitosa franquicia llamada Morena.
De acuerdo con la naturaleza rancia y obcecada del tabasqueño, no se podría permitir soltar el poder tan fácilmente. Para ello se valió de una fiel seguidora de su doctrina política que actuaría como gerente de la casa, esa fue Claudia Sheinbaum, obediente presidenta que responde a los intereses del expresidente. Hoy Andrés Manuel López Beltrán, se mueve por el tinglado político mexicano con una firmeza que raya en la soberbia. Sabe que cuenta con el manto protector de su padre.
De manera que los discursos de nepotismo que maneja Morena son sólo eso, discursos. Sabe que para que el legado de su padre continúe, debe de cuidar el rebaño y hacerlo crecer, con las prebendas sociales. Ahí está la fuerza del partido que lo llevará a la presidencia en 2030. Desde luego, no debe subestimar las acciones de los vecinos del país más poderoso del mundo. Sabe que sólo ahí, podría tener una verdadera oposición.
