A esos periodistas le dice: “Les da mucho por ver la paja en el ojo y no la viga en el propio, se sienten bordados a mano, una casta divina privilegiada que puede calumniar impunemente”. Ante la insistencia de una reportera que le preguntó su consideraba que había cometido un error por haber revelado datos personales de una periodista, el presidente encabronado le dijo: “La periodista del New York Times me calumnio a mí y a mi familia con el narcotráfico, sin pruebas. Quién me va a reparar el daño a mí o a mis hijos, por ser investigados de recibir dinero del narco“.
La periodista le advirtió que violó la Ley de Datos Personales, a lo que el presidente dijo: “No importa lo que diga la Ley de Datos Personales, por encima de eso está la libertad, si la compañera está preocupada porque divulgué su teléfono, pues que cambie de teléfono”. Así de simple, en México ningún periodista se puede meter con el presidente, porque por encima de la ley él les pone en su madre.
