Sobre ultrajes a la autoridad el balón cambió de cancha

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Delito de Ultrajes a la autoridad en Veracruz FOTO: WEB
- en Opinión

Bernardo Gutiérrez Parra / A la diputada local Arianna Ángeles Aguirre no le gustan las estridencias mediáticas y es de pocas palabras, pero es muy puntual en sus señalamientos. Este jueves en Veracruz, dijo que el debate sobre la derogación del delito de ultrajes a la autoridad es de los diputados. “Hoy el balón está en nuestra cancha y somos nosotros los que debemos analizar, discutir y votar a partir de las iniciativas que se han presentado en ese sentido”.

Agregó que espera que en los foros que se harán sobre el tema se escuche la voz de todos: “Sería irresponsable no atender la voz del gobernador y los senadores, pero sería más irresponsable no atender la voz de los ciudadanos”.

Arianna participó en la instalación de la Red Nacional de Mujeres Defensoras de la Paridad en Todo y ahí advirtió: “Centremos el debate; en este país ni los gobernadores, ni los senadores son jueces para dictar sentencias condenatorias; pero no están exentos de la tentación de manipular la justicia tanto federal como estatal y a eso se le llama tráfico de influencias. Y está tipificado en el código penal por lo que se puede denunciar y castigar”.

Otro que fuera el gobernador, habría tomado nota de las palabras de la legisladora, no así Cuitláhuac García que sobrado de autoritarismo sigue violando la ley y ha invadido funciones exclusivas del Poder Judicial. Ha llamado “delincuentes y criminales” a mil 33 veracruzanos detenidos y acusados de ultrajar a policías cuando ninguno ha sido sentenciado por un juez.

Ha descalificado a los abogados de esos detenidos pasando por alto que toda persona acusada de un ilícito tiene derecho a un defensor, pero también se ha ido contra los periodistas. “Hay abogados que están defendiendo a delincuentes ¿tu abogas por ellos?” le preguntó el miércoles a la periodista Sarah Landa a la que zarandeo verbalmente por el simple hecho de que ejerció su derecho a preguntar.

Al desempolvar el delito de ultrajes a la autoridad para reprimir y encarcelar a sus enemigos y adversarios, Cuitláhuac se metió en un pantano y mientras más se mueve más se hunde. Si en un principio lo apoyó el presidente, en las últimas semanas lo ha dejado a su suerte porque está muy ocupado defendiendo a otro bueno para nada; su hijo José Ramón.

A pesar de que desapareció la Comisión Especial del Senado que investigaría las presuntas arbitrariedades cometidas por el gobierno veracruzano, se han multiplicado las voces que exigen que se derogue por completo el delito de ultrajes y esto tiene al gobernador de un humor de los mil diablos.

Este día viernes 11 de febrero, Barras de Abogados de todo el estado, representantes gremiales, académicos universitarios, abogados litigantes, miembros de la sociedad civil y de la comunidad jurídica, se harán escuchar por dos razones: para manifestar su rechazo al delito de ultrajes a la autoridad y ofrecer su solidaridad a Sarah Landa.

Quizá no lleguen a mil, quizá haya más gente en la cola de las tortillas, pero será la segunda ocasión en menos de una semana en que le armarán otra manifestación por represor, autoritario y arbitrario. Eso sin contar con la oposición en el Congreso que por poca que sea se está haciendo notar.

Las palabras de la priista Arianna Ángeles deberían hacerlo reflexionar, porque en verdad te digo lector que el gobernador a violado la ley infinidad de ocasiones, y no es el tipo honesto que López Obrador quiere vender.

Cuando termine su sexenio será un hombre indefenso y en el desamparo; proclive a sufrir lo que están sufriendo en la cárcel mil 33 veracruzanos.

El problema es que no le baja. Pésimamente aconsejado, Cuitláhuac va de bandazo en bandazo y de desatino en desatino gritando, manoteando, agrediendo, humillando y retando. Y ese no es el camino para evitar que crezca la confrontación que ya tiene con los veracruzanos.

Petulante, atrabiliario y ciego ante los problemas que él mismo ha creado, lo imagino parado en medio de una vía sin ver ni oír al tren que está próximo a arrollarlo.

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