La popularidad del presidente no significa que esté gobernando bien, más bien le han funcionado sus programas clientelares

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Andrés Manuel López Obrador FOTO: WEB

Una cosa es la popularidad y otra muy distinta la preparación para la solución de los problemas que tiene nuestro país. El hecho de que la popularidad del Ejecutivo federal esté sólida, no significa que la gran mayoría esté de acuerdo con su forma de gobernar. Su programa clientelar le ha funcionado. El hambre y la necesidad nubla la visión de los más desamparados al grado de considerar que el presidente de México es casi-casi el elegido de los dioses. La compra de conciencias con fuertes cañonazos de dinero, mediante programas de asistencia social, es la plataforma donde descansa el proyecto de la Cuarta Transformación.

El voto que obtendrán los candidatos a las siete gubernaturas que estarán en disputa en la próxima elección, será una muestra de lealtad comprada y de un agradecimiento secreto que emitirán millones personas de la tercera edad, de jóvenes sin trabajo ni estudios y de grupos de personas con alguna discapacidad.

No se trata de resultados, se trata de una descarada estrategia electoral que al presidente de México le ha funcionado. No es poca la evidencia de corrupción en la impoluta 4T, comenzando con los hermanos del presidente y ahora con el descarado estilo de vida de uno de sus cachorros. De modo que no hay que confundir la gimnasia con la magnesia, el hecho de que el amo y señor de la 4T sea muy popular, no significa que esté haciendo las cosas bien.

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