Cuarto año: inician los “golpes por debajo de la mesa”

Golpes
Claudia Sheinbaum, Ricardo Monreal y Marcelo Ebrard FOTO: WEB
*MoReNa puede dividirse si equivoca reglas sucesorias
*Monreal asegura que derrocará a Sheinbaum y Ebrard

Carlos Jesús Rodríguez Rodríguez / EL PRESIDENTE Andrés Manuel López Obrador está por entrar a su cuarto año de Gobierno –aunque hay quienes aseguran que ya está en la segunda mitad del sexenio, tomando en cuenta que en 2014 se reformó la Constitución en materia político-electoral estableciendo que la transición de poder se llevará a cabo el 1 de Octubre y no el 1 de Diciembre como se acostumbraba-, y según la novela “Si el Águila hablara”, de Miguel Alemán Velasco, hijo del ex Presidente Miguel Alemán Valdez, ex senador y ex gobernador de Veracruz, el cuarto año de Gobierno corresponde al síndrome de Harún Al-Rachid, el comendador de los creyentes en Las mil y una noches: Se enoja con su gran visir (en este caso sería Marcelo Ebrard Casaubón por temas de la sucesión y su alianza con Ricardo Monreal ya que AMLO desea imponer a Claudia Sheinbaum Pardo como candidato de MoReNa a la primera magistratura, y de paso rompe con el Senado-, deja a todas las del harem, se enamora de Scheherezada y le pone casa o palacio (¿se tratará de alguna ex diputada Federal , ingeniera, modelo y política integrante de Morena, actualmente presidenta municipal de un municipio de Nayarit?). A veces sale por las noches disfrazado, para escuchar lo que dice el pueblo de él, pero también corta cabezas, quita secretarios, cambia de gabinete e integra, ahora sí, un equipo de confianza “que le promete un caballo alado, la alfombra voladora o hasta la lámpara de Aladino”. Es el año en que nadie contradice al Presidente, aunque todos sus cercanos se golpeen por debajo de la mesa (golpeteo que ya inició con Ricardo Monreal que anuncia una escisión en la Cuarta Transformación si desde la cúpula imponen al candidato a suceder a AMLO). Nadie se mueve. “La paz del régimen es perfecta, menos en el interior de cada partido político, porque es precisamente en este año cuando se hacen ajustes generales”.

Y ES que Monreal no se anda por las ramas, y hace unos días dejó en claro que desea ser el candidato de MoReNa a la Presidencia, aunque asume que el partido fundado por el actual Presidente López Obrador requiere unidad, cohesión y persistir en sus principios para “darle una sacudida a los vestigios y a las reticencias del viejo régimen”, pero no descarta ir por una alianza de partidos en caso de no haber transparencia en la selección del abanderado. El legislador considera que si el movimiento trabaja en unidad y no se fractura ni se divide, repetirá el triunfo en la Presidencia de la República en 2024, y cuestionado en torno a si estaría en condiciones de ser abanderado por otros u otros institutos, el líder de Morena en el Senado reitera que si el proceso interno de su partido se lleva a cabo con reglas claras, sin exclusión, sin imposición y con apertura, el movimiento no perderá la contienda electoral. Y una vez más, para que no quedara duda de su aspiración a la Presidencia del 2024, dijo que esta se mantiene intacta, pero esperará el lanzamiento de la convocatoria para inscribirse y participar en el proceso interno y “voy a ganarles a la buena”. Ya encarrerado asumió que será candidato y después Presidente, pues está preparado para ello, pues se encuentra en plenitud de lucidez, que tiene una gran experiencia en el servicio público y que nunca ha sido acusado de malos manejos, corrupción o deshonestidad. “Mis más de 40 años acumulados en cargos públicos me permiten dialogar con todos los grupos políticos”, como lo hace actualmente en el Senado, “y en todos los niveles. Lo que el país necesita es un país de reconciliación”.

Y EN un claro mensaje al Presidente Andrés Manuel López Obrador que lo descartó en el destape prematuro, dejó en claro que los aspirantes más adelantados en este proceso, sin que sean los únicos, son Marcelo Ebrard, Claudia Sheinbaum y él mismo; sin embargo, insistió en que les ganará “a la buena”. Monreal se define como un hombre de vocación pública, soñador, amante de México, formado en la adversidad política y que quiere que se profundice el proceso democrático que inició en el 2018. Explicó que el proceso de sucesión –donde fue soslayado por AMLO- fue adelantado por el titular del Ejecutivo Federal, Andrés Manuel López Obrador para terminar con las especulaciones de que busca reelegirse. “Es un proceso inédito, pues el Presidente normalmente solía iniciar con la sucesión hasta el quinto año de su mandato para evitar debilidad institucional”, y en ese sentido, consideró que adelantar el juego sucesorio distrae a quienes son propuestos de la función pública. “Los procesos de transición política como el que estamos viviendo, tardan más años y no se concluyen en un sexenio; por ello, dice que quiere profundizar la transformación de la vida pública del país y continuar con la transición política del cambio de régimen.

Y HAY una frase que dijo Monreal que no tiene desperdicio: “el Presidente normalmente solía iniciar con la sucesión hasta el quinto año de su mandato para evitar debilidad institucional”. Y el tema viene a colación por los incidentes que se suscitaron el domingo en un recinto ferial de Huauchinango, Puebla, donde el Presidente y varios funcionarios federales presentaban un balance de las ayudas del gobierno a los damnificados por el huracán Grace que dejó varios muertos en México y Xalapa entre el 21 y el 22 de agosto, cuando un grupo de personas interrumpió por la fuerza en el lugar violentando a la frágil ayudantía que fue arrollada. AMLO tras discutir con quienes se decían desplazados de la consulta para los programas sociales o ayuda tras el huracán, tuvo que suspender el acto público y abandonar el sitio dejando en su representación a otros funcionarios.

SE TRATA del segundo incidente en el que se ve envuelto López Obrador desde el pasado 27 de agosto, cuando un grupo de maestros impidió el avance de su caravana durante cerca de dos horas en el estado de Chiapas. Ese día, por primera vez desde su llegada al poder hace casi tres años, el presidente López Obrador no pudo llegar a la conferencia diaria de prensa, conocida como ‘la mañanera´ debido a una protesta en las calles de Tuxtla Gutiérrez, ya que unos 200 maestros, estudiantes normalistas y personal médico bloquearon su vehículo durante dos horas en las que el mandatario aguardó pacientemente en el interior. Los docentes reclamaban un problema con un fondo de ahorro, y ya en días pasados la sección 7 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) había protagonizado protestas en la zona, incluso, con la toma de casetas de autopista por lo que consideran una simulación de las mesas de reunión para acabar con la reforma educativa y en reclamo de plazas y derechos sindicales, así como en protesta por el regreso a clases presenciales. Ambos casos no son, de ninguna manera incidentes simples, sino una llamada de atención al Presidente que se ha ido alejando del pueblo y debilitando con anuncios prematuros como el de la sucesión, y que a base de engaños pretende mantener sosegada a la sociedad, y acaso por ello convocó a un gran diálogo nacional el 20 de Noviembre en el Zócalo de la Ciudad de México para retomar las audiencias directa. AMLO entra al cuarto año, y su poder, pese a los 30 millones de votos, comienza a declinar. Así es y así ha sido por los siglos de los siglos. OPINA [email protected]

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