Por “humanismo” AMLO reprime a migrantes en el sur

Migración
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Carlos Jesús Rodríguez Rodríguez / SE LLAMA “humanista” a todo pensamiento que pone en el primer plano de sus preocupaciones el desarrollo de las cualidades esenciales del ser humano, y sin caer en los orígenes de ese pensamiento filosófico, en sentido genérico se considera humanista a cualquier doctrina que afirme la excelsa dignidad humana, el carácter racional y de fin del hombre que enfatiza su autonomía, su libertad y su capacidad de transformación de la historia y la sociedad. En suma, el humanismo es una filosofía de la vida democrática y ética que afirma que los seres humanos tienen el derecho y la responsabilidad de dar sentido y forma a sus propias vidas, y el Presidente Andrés Manuel López Obrador se ha definido –lo hizo por primera vez el 6 de Marzo del 2020 durante su mañanera- como humanista, y se considera como tal porque considera que la Cuarta Transformación es un despertar de conciencias, y cree que lo fundamental es el humanismo. Por aquellos días se dieron los primeros eventos de represión en contra de mujeres que protestaban contra los feminicidios y exigían reconocimiento a sus derechos, y el Presidente les aclaró que su gobierno reconoce el movimiento de mujeres, así como los grupos de defensa de los derechos humanos, pues considera que lo importante es la igualdad social, y ante la represión policiaca volvió al sonsonete de siempre argumentando que por esos días, los conservadores quisieron montarse en el movimiento feminista, “hay oportunismo y de repente en un abrir y cerrar de ojos se volvieron feministas”, justificando así la represión.

Y COMO se trata del titular del Ejecutivo Federal es bueno creerle, aunque las evidencias muestras que su humanismo tiene rostro de represión (y eso que no es rencoroso), la cual ha ejercido en diversas ocasiones contra mujeres, medios de comunicación, defensores de derechos humanos, y ahora contra migrantes que, apegados a la doctrina humanista que asegura que los seres humanos tienen el derecho y la responsabilidad de dar sentido y forma a sus propias vidas, buscan cruzar el territorio nacional rumbo a los Estados Unidos huyendo de la pobreza y violencia en sus naciones, y aquí, donde el mandatario nacional se ha declarado enemigo de la violencia hasta llegar a sugerir abrazos en vez de balazos y palazos se está ejerciendo una represión a ultranza en donde no se respeta a nadie, ya que lo mismo son golpeadas mujeres y hombres que, de pilón, son separados de sus hijos menores en cuadros que desdibujan a las más crueles dictaduras de Latinoamérica.

HA SIDO tal la brutalidad de agentes migratorios y algunos elementos de la Guardia Nacional contra migrantes centroamericanos y haitianos contras las cuatro caravanas de desplazados, que organizaciones civiles acompañantes, han hecho un llamado a las autoridades del gobierno Federal a frenar los actos de represión, aprehensión y violencia en contra de esas personas que no buscan quedarse en México, sino seguir su camino hacia a Estados Unidos que ha dado la orden al presidente mexicano de no dejarles avanzar a cambio de vacunas gratuitas Anticovid, que es lo que más le gusta a López Obrador porque de esa manera sigue ahorrando dinero que debería ser destinado a la salud. Y mientras México se debate en violencia perpetrada por la delincuencia organizada, AMLO usa a la Guardia Nacional y a los agentes de migración para garrotear a los “intrusos” sin importarles que sean mujeres y niños.

EN MEXICO, sin embargo, la llamado la atención el silencio o ausencia de quien llegó a ser considerado el más feroz defensor de los migrantes y de sus derechos humanos, el sacerdote Alejandro Solalinde Guerra, aquel que incluso fundó el albergue Hermanos en el camino de Ixtepec, Oaxaca, y que tras su alianza con AMLO ha decidido guardar sepulcral silencio en medio de la represión en la frontera sur, donde la Guardia Nacional (GN) y el Instituto Nacional de Migración (INM) disuelven con agresiones las caravanas de migrantes, aunque el domingo, finalmente, tras muchas críticas propuso la creación de un Grupo Puente que atienda, escuche y oriente a los haitianos, hondureños, venezolanos, salvadoreños y guatemaltecos que quieren cruzar el territorio mexicano y llegar a territorio estadounidense. Ese Grupo Puente, que se dirigiría a las autoridades federales involucradas en la política migratoria con los migrantes del Caribe, Centro y Sudamérica, podría integrarse con los coordinadores de los albergues, con agentes de la Pastoral de Movilidad Humana del Episcopado Mexicano, con los defensores de derechos humanos y académicos que tienen la experiencia necesaria en el trabajo con los migrantes. Y es que haciendo a un lado su adoración por el nuevo Mesías, el fundador del albergue Hermanos en el Camino considera que las autoridades migratorias no deben inmovilizar a los migrantes en la frontera sur, porque es como si quisieran “meterlos en un corral” y eso atenta contra sus derechos humanos, va contra su dignidad porque son seres humanos que vienen huyendo de la pobreza y de la violencia. Los migrantes merecen ser escuchados, orientados y atendidos. El sacerdote que decidió romper el silencio, cuestiona los métodos de contención aplicados por el INM en la frontera sur, sin embargo, explica que, en su afán de combatir la corrupción, contrataron a militares en retiro que están formados en la política de seguridad nacional y no en temas migratorios que son altamente sensibles. “Los migrantes viajan miles de kilómetros, huyen de la pobreza, vienen enfermos y temen por las mujeres y los niños. Ellos deben ser escuchados”, insiste.

LO CURIOSO es que al Presidente López Obrador la vida de los migrantes ni le va ni le viene, pues desde la represión a la primera caravana –van cuatro igualmente fustigadas- dijo que se asumirían acciones para evitarlas, lo que no ha sucedido, por el contrario, cada vez resulta más alto el nivel de agresividad. En efecto, con la frontera de Estados Unidos de Norteamérica cerrada, ningún migrante podrá ingresar al territorio estadounidense, “pero tampoco se les debe acorralar en la frontera sur como si fueran animales salvajes, sino que se les debe orientar en que sitios se les puede alojar por nacionalidad y aptitudes académicas, en donde podrían permanecer temporalmente en lo que se alcanzan nuevos acuerdos migratorios con las autoridades norteamericanas, y no arriesgarlos en actos de violencia que no benefician a nadie, salvo al Gobierno de México que a cambio de contenerlos sigue recibiendo vacunas gratuitamente por parte de Estados Unidos. Vaya humanismo. OPINA [email protected]

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