Rehúsa Arturo Zaldívar juego reeleccionista de AMLO

Constitución
Arturo Zaldívar FOTO: WEB
*López como Porfirio Díaz busca permanencia en poder
*Argumentará que aún le falta contener la delincuencia

Carlos Jesús Rodríguez Rodríguez / CON UNA larga trayectoria en la jurisprudencia que lo llevó a desempeñarse como catedrático en la Universidad Nacional Autónoma de México, la Escuela Libre de Derecho, la Universidad Iberoamericana y la Universidad Panamericana en las materias de Derecho Constitucional, Derecho Procesal Constitucional y Derechos Humanos, además de haber sido abogado postulante desde 1985 y hasta antes de su elección como ministro, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea no sucumbió a la tentación de violentar la Constitución que prometió respetar y hacer respetar, y aunque el Presidente Andrés Manuel López Obrador lo quiso usar como “conejillo de Indias” o como un laboratorio previo, de plano renunció a la ampliación de su mandato hasta 2024 como lo planteó un artículo transitorio de la reforma judicial, y dejó en claro que concluirá su gestión como presidente del alto tribunal el 31 de Diciembre del 2022. Y es que el prestigio del jurisconsulto estuvo a un tris de ser echado por la borda, y acaso intuyó que de aceptar prolongar su estancia al frente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y del Consejo de la Judicatura, pasaría a la historia como el traidor que abrió la puerta, no a la reelección del titular del Ejecutivo Federal en turno, sino de la prolongación de su mandato una vez que concluya el sexenio, de tal manera que dos años después, ya que no se trataría de una elección sino de una prolongación, AMLO podría presentarse a elecciones nuevamente. Lelo de Larrea, cuyo trabajo es ser garante de la Carta Magna y de las leyes que de ella emanen, decidió no prestarse a un juego tan evidente que lo habría dejado muy mal parado ante la historia, y menos con una trayectoria impecable y honorable, pues el ministro es autor del libro Hacia una nueva ley de Amparo (Editorial Porrúa), y de diversos ensayos y artículos publicados en libros colectivos y revistas especializadas, así como de diversas obras colectivas de carácter internacional, entre las que figura la coordinación, junto con Eduardo Ferrer Mc-Gregor, de la obra La ciencia del derecho procesal constitucional. Estudios en homenaje a Héctor Fix Zamudio en sus cincuenta años como investigador del derecho (obra de doce tomos, en la cual se contienen ensayos de 400 juristas de 37 países, publicada en 12 países).

PERO LELO de Larrea no pasó por alto la crisis que enfrenta el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación –que no depende de la SCJN- tras la destitución del problemático magistrado Presidente José Luis Vargas Valdez, quien enfrenta dos denuncias ante la Fiscalía General de la República por enriquecimiento sospechoso, siendo sustituido por el magistrado Reyes Rodríguez Mondragón a quien AMLO acusó de haberle deseado la muerte en un mensaje de Twitter, algo que resultó falso pero que al mandatario no le aclararon sino que sus propios colaboradores lo embarcaron, aun cuando Reyes Rodríguez presentó una denuncia ante la FGR al día siguiente de que le hackearon su cuenta, y de que un hacker reconoció haber sido el causante de semejante hecho, algo que el equipo del Presidente ignoraba o, en el peor de los casos uso de manera dolosa, lo que ameritaría que se le mencionara el miércoles en el Quien es quien en las mentiras, pues López Obrador uso su mañanera para atacar a un magistrado que ni la debía ni la temía, pero como es el Presidente puede hacer lo que le venga en gana. Por esa razón, Lelo de Larrea no quiso enfrentar los obstáculos que, seguramente le impondrían algunos magistrados cuando se tuviera que votar su permanencia o no otros dos años, y antes de, probablemente, enfrentar el ridículo del rechazo se retira como lo que es: un hombre respetuoso de la ley, y respetable al interior de una sociedad jurista, y por ello no en vano, hasta la Asociación Nacional de Magistrados de Circuito y Jueces de Distrito del Poder Judicial Federal (que le habían pedido que no aceptara la prolongación del mandato), le expresaron su apoyo a la decisión asumida. “Esta decisión reencauza la constitucionalidad de la vida interna de nuestro máximo tribunal, que es vital para el fortalecimiento y la viabilidad de nuestra democracia”, signa la Jufed, actualmente dirigida por el magistrado Ariel Alberto Rojas Caballero.

AMLO, BAJO el pretexto de que era el único que podía encauzar el cambio en el Poder Judicial de la Federación, propuso la ampliación del mandato del magistrado Presidente, al mismo tiempo que le tocaba el agua a los tamales, porque con el mandatario nacional nada es fortuito sino que llevan un fin anticipado, y en este caso, al dar vara alta a otro poder para violentar la constitución, llegado el momento, si así lo decidía podría experimentar quedarse otros dos o tres años en el poder, y al termino de esa prolongación podría proponerse para otro periodo constitucional argumentando que no se trataría de una reelección (como ha ocurrido en Venezuela, Nicaragua y ocurría en Bolivia). Por ello alborotó la gallera antes de tiempo, sembrando la discordia entre sus colaboradores que veladamente buscan sustituirlo.

Y LA jugada de AMLO nos recuerda aquella celebre entrevista que el 3 de Marzo de 1908, en medio de un ambiente de aparente calma concedió el Presidente Porfirio Díaz al periodista James Creelman para Pearson´s Magazine en el Castillo de Chapultepec. La entrevista se desarrolló en torno al extenso periodo de tiempo que el longevo presidente tenía en el poder, y al ingrediente político esencial de las naciones capitalistas de occidente: la democracia. Sin más rodeos, Díaz hizo pública su pretensión de abandonar el poder y declaró que nuestro país estaba preparado y maduro para practicar la vida democrática a través sus instituciones, declaraciones que se dieron dos años antes de la contienda electoral en el País; así que, a la par de tales manifestaciones surgieron aspirantes a sucederlo por la vía democrática en las elecciones de 1910, entre ellos, el general Bernardo Reyes y el, entonces, Secretario de Hacienda, José Yves Limantour, además del opositor Francisco I. Madero, quien a raíz de la mencionada entrevista publicó un libro intitulado “La sucesión presidencial de 1910”.

NO OBSTANTE, Díaz cambiaría de parecer argumentando que se equivocó (o tenía otros datos) y que el pueblo no estaba maduro, y finalmente se postularía como candidato en dichos comicios de 1910, de los cuales salió triunfador en medio de un muy cuestionado proceso electoral. Creelman preguntó a Díaz: ¿Sabe usted que en Estados Unidos tenemos graves problemas por la elección del mismo presidente por más de 3 periodos?, y Díaz respondió: Sí. Lo sé. Es un sentimiento natural en los pueblos democráticos el que sus dirigentes deban ser cambiados. Estoy de acuerdo con este sentimiento. He tratado de dejar la presidencia en muchas ocasiones, pero he tenido que permanecer en ella por la propia salud del pueblo que ha confiado en mí. Es cierto que cuando un hombre ha ocupado un puesto investido de poder por largo tiempo puede llegar a persuadirse de que aquel puesto es de su prioridad particular”. Pero esos eventos sirvieron de antecedente para la determinación revolucionaria de iniciar o construir un nuevo régimen político que garantizara la estabilidad y la paz pública en la democracia, y propiciaron el surgimiento de una serie de principios ideológicos para blindar las nuevas bases legales electorales y el surgimiento de los organismos partidarios, todo ello mediante la armas. Así de simple. OPINA [email protected]

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