Latinoamérica fue clave en la historia de la píldora anticonceptiva

Píldora
Píldora anticonceptiva FOTO: WEB
- en Carrusel, Nacionales

Actualmente, las mujeres cuentan con una serie de métodos e instrumentos vinculados al control de la reproducción y al disfrute de su sexualidad. Existe el test de ovulación que controla el incremento de la hormona luteinizante, los parches anticonceptivos o transdérmicos que liberan hormonas para prevenir embarazos y, por supuesto, la famosa píldora anticonceptiva.

La historia de esta píldora suele ser acaparada por la cultura norteamericana, pues fue en Estados Unidos, en los años 60s durante la “Revolución sexual” y la Segunda ola feminista, donde tuvo su mayor impacto al ser utilizada por más de 7 millones de estadounidenses. En estos tiempos, a nivel mundial son más de 100 millones de féminas las que emplean este método de prevención, según documenta la Universidad de Harvard.

Sin embargo, esta gran conquista en los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres no se pudo haber concretado sin el papel fundamental de Latinoamérica, porque fue en México donde se inventó la primera hormona sintética que podía impedir la ovulación. Esto ocurrió en 1951, cuando Luis Miramontes y otros científicos mexicanos idearon la primera progesterona sintética de esta clase.

Tampoco puede olvidarse que fue en Puerto Rico donde se realizaron los deplorables ensayos y experimentos iniciales con mujeres, con el pretexto de hallar la mayor efectividad en la píldora anticonceptiva. En ejercicios médicos poco éticos, los científicos suministraban la píldora a las mujeres para evaluar sus efectos secundarios, como intensos dolores, formación de coágulos sanguíneos, hemorragias y vómitos. Las mujeres puertorriqueñas fueron conejillos de Indias para los investigadores de Harvard, quienes también habían recurrido a estos procedimientos reprochables con mujeres internadas en hospitales psiquiátricos.

Ante la permisividad de las autoridades de Puerto Rico, los científicos norteamericanos reclutaron a mujeres de diferentes edades de los barrios pobres para hacerlas participar en los ensayos. Se calcula que más de 1500 mujeres llegaron a sufrir estas pruebas y jamás recibieron una retribución económica por ello. Además, según informaciones de The Washington Post, hubo mujeres fallecidas durante los ensayos y no se les practicó la respectiva autopsia.

También se sabe que los médicos no estaban obligados a informar a las mujeres latinoamericanas del tipo de riesgos a los que ellas se exponían, puesto que la leyes amparaban el secreto y la confidencialidad de los experimentos. De igual manera procedieron con las mujeres de otros países de la región como Haití.

Los científicos estadounidenses, entre los que destacaron John Rock y Gregory Pincus, se convirtieron en figuras cruciales para la historia de la liberación femenina y sus derechos sexuales y reproductivos. Sin embargo, no se puede ocultar la agridulce participación de Latinoamérica en la proeza médica de la píldora anticonceptiva, donde actuó tanto como pionera y como irregular campo de pruebas para el perfeccionamiento del fármaco.

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