Pero ya en el trabajo, las promesas se vinieron para abajo y la mujer y los menores de edad fueron explotados hasta más no poder. La Fiscalía detalló en un informe que, en vez de vivir el sueño capitalino, eran obligados a trabajar hasta quince horas diarias, además de que su trabajo no era remunerado.
Se cree que estas personas eran maltratadas físicamente y que además no les deban de comer. Tras el rescate, los originarios de Michoacán se quedaron con los elementos de la fiscalía, pues tenían hambre. Al momento no se sabe si estas personas ya van para sus tierras de origen.