Relato de un sobreviviente a coronavirus; su esposa murió en clínica del IMSS

Sobreviviente
La esposa de Gabriel Espinoza murió por SARS-COV-2 (COVID-19) en la clínica 14 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en el puerto de Veracruz. Él dio positivo a la prueba, pero logró recuperarse FOTO: JUAN DAVID CASTILLA
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Juan David Castilla Arcos / Xalapa, Ver. La esposa de Gabriel Espinoza murió por SARS-COV-2 (COVID-19) en la clínica 14 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en el puerto de Veracruz. Él dio positivo a la prueba, pero logró recuperarse.

Su cónyuge contrajo el virus en la hemodiálisis y, después de eso, comenzó con dificultades para respirar, fiebre y la pérdida del gusto y el olfato.

«La mandaron al módulo respiratorio del seguro social. A las cuatro de la tarde ingresó y a las tres de la madrugad la falleció. Es muy difícil esa situación ya que nos quedamos afuera del módulo y ya no nos dejaron entrar ni preguntar en el dichoso IMSS».

Gabriel, de 59 años, solo recibió la peor noticia en todo su matrimonio y no pudo hacer más en las instalaciones del IMSS, ubicadas sobre la avenida Cuauhtémoc.

«Creo que no se vale, no hay algún teléfono al que pueda uno estar llamando, no puede uno estar presente porque contagios siguen aumentando. Ya nada más nos avisan cuando ya fallecieron, para coordinar con la funeraria la cremación».

El señor comenzó a sentir algunos síntomas de COVID-19 y acudió con un neumólogo en el ámbito particular para iniciar un tratamiento.

«Me dio el diagnóstico de que sí era COVID y me dio tratamiento. Tenía todos los síntomas, tenía temperatura, no tenía olfato ni gusto, yo pensaba que era por la pérdida de mi esposa, pero no fue así, también era COVID».

Después de una semana “crítica” y de desembolsar miles de pesos en su tratamiento médico, logró estabilizarse y sentirse un poco mejor.

Le dieron medicamentos durante un mes para que su recuperación fuera casi total. Se le fue quitando el cansancio, el dolor de cuerpo y pudo recuperar el olfato y el gusto.

«No podía salir a ninguna parte, nadie podía venir a mi casa. Después de dos meses fue la última tomografía que arrojó que mis pulmones estaban en buen estado».

Gabriel Espinoza también padeció depresión porque estuvo solo, aislado. Durante varias semanas no podía salir de casa ni ser visitado y, aunque su recuperación fue positiva, las secuelas emocionales por su pérdida son permanentes.

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