En su brazo derecho, debajo del sobaco se podía leer: «En el nombre del todo poderoso y de la Santísima Trinidad conjuro que conjure (nombre) con el nombre quien seas. Si es tigre, león, brujo, hechicero manso ha de venir a mis plantas como vino Nuestro Señor al pie de la Cruz. Te pido conjuro que me conjures a N.N. como conjugo Nuestro Señor a la hostia del Altar Son las del Padre + del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén».
Pero al parecer algún error de ortografía del tatuador, o quizá porque la oración debía ir en otra parte del cuerpo, el caso es que no funcionó el conjuro. A César Cea Castañeda, el “Cea” lo mataron a tiros. Le dieron un balazo en la costilla, en la columna, en el glúteo y en el codo; lo mataron con todo y tatuaje, con todo y conjuro. Cómo se vería la santísima trinidad velando y cumpliendo el conjuro de un delincuente.
