Innovar o no innovar, he ahí el dilema

Innovar
Hombre pensante FOTO: WEB
- en Opinión

Sergio González Levet / Dice el diccionario de la Real Academia Española que “innovar” viene el latín “innovāre”, que es un verbo transitivo y que significa en la actualidad “Mudar o alterar algo, introduciendo novedades.”

Nos cuenta que antes significó y que ya está en desuso, “Volver algo a su anterior estado.”.

Eso de “Mudar o alterar” es una vuelta al léxico que se dan los académicos para no decir que es “cambiar” algo. Tal vez le tienen tirria al término tan usado por todo el mundo.

Bueno, pues innovar además es una palabra que está muy de moda, que se usa prácticamente en todos los planes y proyectos que se hacen de cualquier cosa y algo a lo que todos los creativos aspiran cuando echan a volar a la loca de la casa (así le llamaba santa Teresa a la imaginación allá por 1540).

Escuchen a los políticos cuando llegan a gobernar: nunca dejan de decir que harán un gobierno innovador, con planes y acciones innovadores, y con un estilo innovador.

Vaya a un nuevo restaurante y en el menú podrá leer que el servicio y la oferta de alimentos son innovadores, los sabores y los olores son innovadores, y hasta el decorado es innovador.

Métase en una casa de elecciones y podrá escuchar en el war room a politólogos de gran monta afirmando que harán una campaña innovadora, con eventos innovadores y un discurso innovador.

Todo en este mundo es o debe ser innovador. A eso hemos llegado. Y no está mal, por principio.

Lo incorrecto es que las famosas innovaciones sólo se quedan en las palabras, en las buenas intenciones (que empiedran el camino al infierno), y así vemos que el nuevo Gobierno trabaja (¿y roba?) como todos los de antes, que el restaurante es igual que todos los de su clase y que la famosa campaña inédita es igual que todas las demás, con el mismo discurso adocenado de sus candidatos y las promesas incumplibles de siempre.

Innovar es algo muy bueno, y nutre a la mente de la misma forma que comer huevos nutre al cuerpo (o usarlos, al alma).

El problema es que para hacer que sea real el significado del mentado verbo se necesita pensar, estudiar, analizar y trabajar mucho.

El ser humano tiende a repetir lo que hacen sus semejantes. Es un atavismo que lo hace sentirse bien, parte de la humanidad, miembro del conglomerado. Y además no requiere de un esfuerzo mayor, solamente se trata de copiar lo que alguien imaginó o inventó o descubrió.

La bronca de innovar es que requiere de un trabajo adicional (o de un trabajo a secas) y muy pocas personas están dispuestas a dar ese plus que se necesita, porque el esfuerzo es algo muy mal visto por nuestra sociedad de consumo pasivo.

Para qué cansarse jugando futbol si lo podemos ver cómodamente sentados, atrás de unas chelas y ciertas botanas; para qué estudiar y aprender si ya hay alguien que sabe hacer las cosas, y pensará por nosotros, si le pagamos.

Y sí, innovar está de moda como un término de uso, pero para nada como una tarea por hacer.

Todos los derechos reservados. Este material no puede ser publicado, reescrito o distribuido sin autorización.

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.