Nuevos partidos ¿más democracia o demagogia?

OPLE
Organismo Público Local Electoral (OPLE) de Veracruz FOTO: Francisco De Luna
- en Opinión

Irineo Domínguez Méndez / La opinión pública, en términos generales, desaprueba la creación de nuevos partidos políticos. Otras creencias de dicha opinión son aceptadas, tales como: que se requerirán más recursos para “mantener” los nuevos partidos, que es equívoca; que las prerrogativas sirven solo para enriquecer a quienes los dirigen, idea parcialmente cierta; tendrá consecuencias negativas para los partidos que hoy son oposición; los dirigentes serán los primeros en ocupar puestos plurinominales; son partidos de corte familiar y, lo principal, su participación en el próximo proceso electoral beneficiará al partido en el poder. Efectivamente, los supuestos creídos contienen la sospecha motivada por experiencias pasadas comprobadas.

El aspecto cuantitativo podría indicar que, con un número mayor de partidos políticos disputándose el poder, la participación ciudadana también podría incrementarse; en consecuencia, la democracia aumentaría. Teniendo una democracia representativa plural, en cuanto que son varios partidos los que obtienen parte del poder en disputa, se presumen debates más intensos en los temas de importancia donde las diferencias ideológicas plantean mejores formas de gobierno; el debate fortalece la democracia. Sin embargo, la historia demuestra que las mayorías se imponen en las discusiones; sea con argumentos o por el simple hecho de ser mayoría y, cuando ésta nos se tiene se recurre a otros medios de convencimiento para lograrla; como, por ejemplo, “soltar cañonazos”. En dichos casos, no hay más democracia, sino más demagogia. Entonces, es cuando el aspecto cualitativo indica que la calidad de la democracia, en vez de mejorar, sufre detrimento y que el aspecto cuantitativo, finalmente, es falso.

Quienes conocen un poco o mucho las normas que regulan la asignación de prerrogativas a partidos políticos saben que, sin importar el número con registro, la cantidad a repartirse entre ellos, siempre será la que resulte de multiplicar el 65% de la Unidad de Medida de Actualización (UMA) por el total de ciudadanos inscritos en el padrón electoral. Dicho total se distribuye repartiendo un 30% de manera igualitaria entre todos los partidos con registro y el 70% restante de acuerdo con los votos que hayan obtenido en cada proceso electoral. La variación se observa solo en la misma proporción que aumenta el valor de la UMA. Toda vez que, de la lista nominal, aproximadamente vota un 50% de votantes en promedio, el monto a repartirse no varía mucho. Quienes perciben lo contrario deben su confusión a los organismos electorales, los que han incumplido en informar – masivamente – lo anterior, en detrimento de la democracia. Lo cierto parcialmente es que, dirigentes de partidos políticos han encontrado una forma de modus vivendi a costa del uso de las prerrogativas; las cuales aumentan al doble en tiempos electorales.

Un efecto inmediato de la participación de nuevos partidos en los procesos electorales es el beneficio obtenido por el partido en el poder. Resulta que el voto atomizado se convierte en aliado del partido gobernante; el cual casi siempre conserva la votación del proceso electoral anterior. En términos generales, es la militancia de la oposición, que no ha tenido oportunidad de participar como candidatos en el partido que milita, la que emigra a los de nueva creación; muchas veces motivados por una vendetta. Por ello, es más difícil derrotar a quien gobierna en las urnas.

Otro detrimento de la democracia es que los partidos nuevos pueden convertirse en propiedad de dirigentes, quienes postularán a candidatos por la vía plurinominal a familiares y amigos. No se diferenciarán casi en nada a los ya existentes; alguno o algunos tratarán de utilizar a incautos que sueñan con ser diputados o presidentes municipales; al carecer de recursos públicos, harán que los candidatos aporten todos y de todo tipo.

En resumen, la posibilidad de incrementar la participación ciudadana en la vida política con la creación de nuevos partidos es mínima; son mayores los contras que los pros para fortalecer la democracia con su creación; esto, debido a que son los mismos actores políticos, pero con otra camiseta. Conclusión, no hay más democracia con más partidos políticos, pero sí más demagogia.

Otro sí digo. – Pregunta: ¿Unidad Ciudadana será un partido con corte familiar?

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