Tlapetlantli llegó de noche

Noche
Noche con tomenta FOTO: WEB
- en Opinión

Alberto Calderón P.* / Ayer por la noche tuvimos un espectáculo impactante, sus luces iluminaban los interiores de las casas y su estruendo descargó su energía durante un poco más de dos horas y como en un viaje lúgubre y de terror, los escuchamos viendo sus relámpagos a lo lejos, los sentimos cerca y finalmente vimos alejarse con su luz y sonido entre la oscuridad.

Las primeras atribuciones para crear deidades relacionadas con los relámpagos se las debemos a los griegos, quienes registraron al más grande y multifacético de los dioses Zeus, el padre de los dioses y los hombres, quien supervisa el universo, la energía el trueno y el cielo. En la mitología nórdica del rayo y la fuerza, teniendo influencia en el clima y las cosechas, también en la justicia y las batallas, era Thor, que los comics en la actualidad lo convirtieron en un extraño héroe con un mazo que pesa mucho y le sirve de arma. Para nuestros ancestros prehispánicos como los chontales del sur del territorio mexicano el dios del trueno era una figura representativa que no solo era la deidad en presagio de lluvias, también dentro de sus creencias contaba con otras atribuciones. También lo fue Tláloc, dios de la lluvia, los terremotos y el rayo. El recuento es grande y el espacio pequeño.

Frankenstein surgió en una noche de tormenta el 16 de junio de 1816 cuando una mansión alquilada por el poeta Lord Byron en las orillas del río Lemán en Suiza, este hombre considerado quizá el mejor poeta de habla inglesa, un excéntrico rodeado de escándalos, en esa noche reunidos su médico personal, que siempre lo acompañaba debido a su fragilidad enfermiza, se encontraban también las hermanas Percy Shelley y Mary Selley, mientras estaba la tormenta al poeta se le ocurrió la idea de utilizar ese ambiente para escribir algún relato. Ahí surgieron dos de los personajes más emblemáticos de las historias de terror. María Selley inició la descripción que posteriormente terminaría de Frankenstein, mientras el médico de Byrón, John W. Polidori quien también era un escritor novel hizo un relato sobre un Vampiro, estas extraordinarias experiencias fueron recogidas por el escritor colombiano William Ospina, quien escribió un libro sobre este acontecimiento llamado El año del verano que nunca llegó, este libro es una recopilación de rastros sobre ese momento en donde el capricho, hizo surgir dos personajes que hasta la actualidad son piezas claves del terror.

Los rayos son un prodigio de la naturaleza, son provocados por las cargas electromagnéticas positivas de la tierra, en un choque con las cargas negativas de las nubes verticales llamadas cumulonimbos, al pasar de los nueve mil metros las cargas positivas atraen a las negativas, esto genera los rayos con un efecto de ida y vuelta, por eso tenemos la sensación de que vienen de las nubes. El rayo se acompaña de una emisión de luz, causada por el paso de corriente eléctrica entre las moléculas ionizadas y la onda de choque, esto provoca que las cargas se calienten y expandan, creando un sonido de trueno. La longitud de los rayos oscila alrededor de los 1500 metros, se ha dado el caso de rayos con extensiones enormes, el más grande documentado alcanzó una extensión de 321 kilómetros en Oklahoma en el 2007. Los rayos viajan a una velocidad promedio de 440 kilómetros por segundo.

Esperemos que los rayos no perturben nuestra tranquilidad y paz en las oscuras noches de lluvia, la mejor forma de resguardo es el hogar, cierra todas las puertas y ventanas, o dentro de un auto sin tocar partes metálicas.

Cuidándote tú, proteges a tu familia.

 

*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores (REVECO)

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