Alto a la violencia intrafamiliar en el marco de la pandemia

Violencia
|Alto a la violencia intrafamiliar en el marco de la pandemia FOTO: WEB
- en Carrusel, Opinión

Yolanda Lagunes López (colaboración especial) / 

“¡Educad  al niño y no castigaremos al hombre!», Pitágoras.

Considerando que la violencia en contra de las mujeres y niñas, mujeres con discapacidad y adultos mayores, incluidos, se ha recrudecido en esta pandemia “Covid-19”, se hace necesaria la actuación de todas las instancias encargadas de prevenir y procurar justicia, así como la estructura  de gobierno municipal y estatal, además de la sustantiva participación de la sociedad civil.

Si bien es cierto a últimas fechas se escuchan voces de mujeres que conocen del tema y con ello pretenden cumplir por el solo hecho de censurar más que atender sus orígenes, es una falacia.

La violencia intrafamiliar se ha recrudecido en el confinamiento, sin embargo, hay que ir más allá.

Quienes en alguna forma  hemos sufrido y somos sobrevivientes de la violencia familiar, máxime si conocemos de leyes, entendemos que no es lo mismo para la generalidad. Se impone, por tanto, en primer lugar  vencer el miedo que te paraliza ya que en la mayor parte de los casos el temor se origina debido a que son muchos años de escuchar insultos y amenazas en donde el objeto del ataque es debilitarte.

A juicio del agresor y con la adjetivación de «estás fea, gorda, no haces ni sirves para nada y yo, en cambio, soy hombre traigo el dinero por lo que te voy a quitar a los niños» se busca minar tu voluntad haciéndola añicos.

Debes, por tanto, fortalecer tu autoestima con ayuda psicológica, permitir que el acompañamiento en este penoso proceso. Dejarte, por decirlo en palabras llanas, llevar de la mano para que una vez que venciste esos temores y el qué dirán, el siguiente paso sea enfrentar a un aparato que está rebasado, burocratizado y plagado de prejuicios.

Se da el caso incluso en ocasiones en que los perfiles del personal de atención a víctimas no es el idóneos para ayudarte a resolver el problema la con calidad y calidez que se requiere.

La persona que generalmente te atiende (que obligadamente debe ser  mujer) ni siquiera voltea a verte y te trata como si fueras la responsable de esas acciones violentas, además de que te advierte que no le hagas  perder el tiempo anteponiendo el: «ya lo pensaste bien porque luego te vas a arrepentir y otorgar el perdón judicial…»

Y en el peor de los casos, te entregan el citatorio para que tú misma se lo entregues a tu agresor, quien al enterarse de la denuncia -ese individuo que generalmente fue un niño violentado física y emocionalmente- la emprenderá de nuevo contra ti agrediéndote e incluso, en algunas ocasiones, se llega al feminicidio.

Por ello si de veras queremos ser factor de ayuda debemos sumarnos y participar para ser esa voz de la mujer, hoy sin voz, que no conoce sus derechos; de aquella mujer rural, indígena, de la periferia (e incluso mujeres profesionistas y clase media alta con agresiones intrafamiliares más altas lo que nos imaginamos) que ni siquiera saben la existencia de un DIF estatal y municipal, una Secretaria  de Seguridad Pública o una Unidad de Atención Temprana, Fiscalía, Juzgados, el Tribunal Superior de Justicia, el Centro Estatal de Atención  a Víctimas del Delito, la Comisión  Ejecutiva Estatal de Atención Integral  a víctimas del Delito, Centro  de Justicia para Mujeres y otras instituciones más.

Debemos, por tanto, comprometernos en serio y ser fieles a la cultura de la  denuncia e ir más allá de una frase bonita, un compromiso de ayuda que en los hechos no se da o un acompañamiento que termina en citas nunca cumplidas.

Es un hecho que cuando vives algo tan doloroso, cuando tú casa no es un refugio de  paz y tranquilidad sino ese sitio en el que no quieres estar y donde no quieres llegar, cuando  cerrando la puerta de tu casa no existe nadie más que tú para defenderte y en muchas ocasiones ahogas el llanto para no asustar más a los niños, de por sí lastimados en sus emociones, que resultan ser víctimas también, es cuando la realidad se vuelve drama de vida.

Y a veces no sabes cómo esa inmediatez que con los años se vuelve costumbre; solo quieres que no amanezca, morir o desaparecer para librarte de ese dolor y miedo que te hace temblar y te hace vivir deprimida todo el tiempo.

Desde esta tribuna se propone, por tanto, hacer un frente común de apoyo jurídico con asesorías hasta la sentencia, acompañamiento victimal y canalización para apoyo psicológico hasta su total recuperación.

Este proceso inicia con la denuncia. Esto es prioritario al igual que la atención psicológica para la victima directa e indirecta ya que ello se contribuirá a fortalecer su autoestima.

La siguiente consigna es no abandonar el juicio a causa de la falta de empatía del personal con el encargado de la atención; comprometernos como madres a educar a nuestros hijos en el respeto hacia la mujer y nuevas masculinidades y tener como máxima de vida que desde ahí se inicia nuestro compromiso como sociedad.

Nos debe quedar muy claro que la violencia en contra de mujeres y niñas es multifactorial y penetra a todas las capas sociales.

Son, en fin, algunos de los caminos para cambiar nuestro destino a paryri de la ¡Solidaridad y el trabajo conjunto!

Reflexión en el #Día Naranja. Alto a la Violencia Contra las Mujeres y Niñas (el 25 de cada mes)

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