Que Dios nos coja confesados

Medicamentos
Personal médico del Centro de Alta Especialidad de Xalapa FOTO: FRANCISCO DE LUNA
- en Opinión

Sergio González Levet / Mientras el Gobierno mexicano pierde tiempo y se pierde en discusiones bizantinas, el Covid-19 sigue haciendo estragos en el país, en particular contra el personal de salud público, al que han lanzado a la guerra sin fusil y por ello ha sufrido bajas tan heroicas como evitables.

Y todo porque las médicas, los médicos, las enfermeras y los enfermeros que trabajan para el sector social han tenido que permanecer en zonas de alto riesgo de contagio y no han contado con cubre-bocas o caretas profesionales, ni gafas de protección, ni guantes de látex, ni gel antibacterial, ni escafandras, ni batas, ni botas.

No por nada el gobernador de Baja California, Jaime Bonilla, dijo que los médicos que trabajan para el IMSS “están cayendo como moscas”, como respuesta a las alegres declaraciones de la Delegada del Seguro Social en esa entidad, Desiree Sagarnaga, que como buena morenista enfrentó con una mentirota la acusación hecha por el actor Eugenio Derbez, de que no les estaban dando los materiales necesarios a los soldados de la salud que permanecían en la primera línea de combate, dando la batalla por los contagiados.

En Veracruz, otro estado morenista, las cosas andan igual o peor, al grado que los integrantes de la Sociedad Médica del Centro de Alta Especialidad Dr. Rafael Lucio, el CEM de la Avenida Ruiz Cortines en Xalapa, tuvieron que publicar un desplegado mediante el cual piden prácticamente una limosna pública para poder contar con “gel antibacterial, botas, cubrebocas, caretas, guantes, overol médico o aportación económica”, que son insumos que la Secretaría de Salud estatal -inexplicablemente a cargo aún del inútil doctor Butcher, Roberto Ramos Alor- no les ha surtido.

La incapacidad manifiesta de los funcionarios emanados de Morena, nombrados sin tener el perfil adecuado y sin experiencia en la administración pública, ha dado paso a un gobierno disfuncional, que comete yerros constantes en educación, en política, en las finanzas, y desgraciadamente también en la salud.

En las épocas pasadas, los servicios de salud pública no eran de buena calidad, es cierto. Los grados de latrocinio llegaron a niveles insostenibles para la gobernabilidad. Fue la razón primordial por la que 30 millones de ciudadanos sufragaron en favor de López Obrador y un millón 600 mil veracruzanos lo hicieron por Cuitláhuac García Jiménez, ése que en las encuestas es considerado ahora por sus paisanos como uno de los peores gobernadores que hayamos tenido y es el más mal calificado en la actualidad nacional.

Pero en esta época de la honradez a toda prueba, de una honestidad tan pura que puede cruzar el pantano de los moches y no mancharse -aunque si sea mochada-, se necesita también, urge, capacidad para administrar con prontitud y eficiencia los escasos recursos públicos.

Algo huele muy podrido en Dinamarca si los médicos especialistas del CEM han tenido que salir a pedirle a la población que le aporte los insumos indispensables para resguardarse en lo posible del contagio del Covid-19.

Si la Secretaría de Salud estatal no puede conseguir lo básico, imagine cómo estará en el rubro de los respiradores artificiales, que se necesitarán por cientos y temiblemente por miles.

La sociedad veracruzana sigue esperando que sus autoridades terminen por fin de aprender y se pongan a hacer algo frente a la terrible pandemia que ha cambiado al mundo y a nuestras vidas.

Ya estamos a mediados de abril, y viene lo peor, según dice el doctor López-Gatell. Que Dios nos coja confesados.

 

¡Justicia para María Elena Ferral!

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