Sofía se esconde de maestro que abusó de ella en la Normal Veracruzana; el agresor está siendo protegido por autoridades, denuncia

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Sofía (de identidad resguardada) se esconde en cualquier rincón de la Normal Veracruzana para evitar al maestro que abusó sexualmente de ella en enero pasado FOTO: JUAN DAVID CASTILLA
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Juan David Castilla Arcos / Xalapa, Ver. Sofía (de identidad resguardada) se esconde en cualquier rincón de la Normal Veracruzana para evitar al maestro que abusó sexualmente de ella en enero pasado.

Tiene 21 años, parece tímida, asustadiza. Su voz es similar a la de una niña. Se percibe cierto grado de inocencia e infantilismo en sus palabras.

La joven forma parte de las estadísticas. Sólo en enero fueron interpuestas 35 denuncias en la Fiscalía General del Estado (FGE), de acuerdo con el Informe de Incidencia Delictiva 2020 que elabora el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

Ella detesta la violencia que viven actualmente las mujeres y cuenta su nefasta experiencia para que disminuyan las agresiones, sobre todo al interior de planteles educativos.

Cursa el cuarto semestre de la licenciatura en Educación Física. El semestre anterior reprobó dos materias, entre ellas Práctica Docente, que impartía el profesor Carlos “N”.

El 30 de enero llegó temprano a la Benemérita Escuela Normal Veracruzana (BENV) “Enrique C. Rebsamen”. Su examen extraordinario estaba programado a las 8:00 horas y planeaba repasar los temas unos minutos antes de iniciar.

Solo Sofía y otro de sus compañeros iban a ser evaluados para acreditar esa materia. El otro joven no llegó. Ya lo habían “botado” de la escuela por su mal desempeño académico.

«Mi compañero no pudo presentarse porque ya lo habían botado de la escuela, es algo que yo no sabía hasta días después de lo que pasó».

Estaban ella y su maestro en el aula 2 de la mencionada universidad. Había iniciado puntualmente el examen.

Después de 20 minutos, externó al catedrático algunas de sus dudas. Él se limitó a responder que quería los conceptos tal y como se leían en el libro.

Fue así como concluyó la evaluación y, en la revisión de la prueba, sufrió algo que marcó negativamente su vida.

Sometimiento

El docente Carlos “N” se sentó al costado derecho de Sofía para verificar cada una de las respuestas.

El sujeto, de casi 40 años, leía muy lentamente cada pregunta y respuesta. Volteaba a verla y se reía.

«Yo no entendía por qué (se reía), después me la tachó (el reactivo). En la siguiente pregunta, yo la tenía mal, volteó a verme otra vez y se volvió a reír y en ese momento me tocó la rodilla», relata la universitaria, quien creyó que el académico lo hacía por lástima.

El hombre subía su mano a la pierna de la joven para frotarla y masajearla, mientras tachaba la repuesta de la tercera pregunta.

Sofía sintió escalofríos. Creyó que todo era normal y que no pasaría a mayores. Pero se equivocó.

Cuando Carlos “N” checaba las preguntas cuarta y quinta, mismas que la chica también había errado, seguía frotándole la pierna hasta tocar su parte íntima por encima del pantalón.

En ese momento, los ojos de ella se empañaron de lágrimas. Quedó paralizada. No pueda moverse; tampoco hablar. Se trataba de una sensación que nunca antes había experimentado.

El profesor solo le decía: “tranquila”, mientras seguía tachando respuestas, sin hacer ver el error.

«Me dijo que te voy a poner estás dos bien. Me dijo dos de diez (preguntas del examen), ¿qué podemos hacer?».

Chantaje emocional

El catedrático de la materia Práctica Docente volteó a verla y comenzó a besarla.

«Subió mi sudadera y mi top, y comenzó a besarme mis partes íntimas, me tocaba, me lamió».

Después, comenzó a borrar las dos primeras respuestas para poner las correctas, mientras Sofía lloraba y trataba de no dirigirle la palabra.

«Cuando iba en la tercera volteó otra vez, me volvió a subir mi sudadera y mi brasier, hizo lo mismo, me empezó a besar y lamer».

Aplicó el mismo procedimiento para todo el examen. Incluso, dio su tableta electrónica a la joven para que copiara las respuestas correctas.

«Me dijo que ya tenía nueve de diez respuestas correctas».

Carlos “N” tomó el celular de la estudiante y lo colocó junto a su mochila. Después, salió del salón para cerciorarse de que nadie se acercara y cerró la puerta.

Sofía seguía sentada en un mesabanco. Su maestro se acercó nuevamente a ella para colocarle su parte íntima en la boca.

«Comencé a llorar, no podía gritar, no creía poder hacerlo, no sé realmente qué pasó en ese momento pero yo estaba muy asustada. Comenzó a jalarme de la cabeza, poquito a poquito y me debía: perdón es que me encanta».

Humillación

Después de un rato, el profesor se subió la bragueta. Tomó el examen y dijo a Sofía que ya podía faltar a su clases cuando quisiera, que la ayudaría con su otro examen extraordinario y se ofreció a ser su asesor de tutoría.

«Que ya no me preocupara por hacer tareas o entrar a su clase, que él sabía que yo ya tendría diez el próximo semestre, incluso si no iba y tal vez para no llamar la atención me iba a mandar a R (extraordinario), pero que yo ya sabía que en R, él me iba a pasar», recuerda ella con la voz entrecortada.

El catedrático expresó a su alumna que se sentía muy atraído hacia ella y que pretendía ayudarla. De pronto, sacó su billetera para darle dinero.

Mostró un billete de 100 y dos de 20 pesos. Ella los rechazó, pero él insistió.

«Recordó que tenía mi celular, lo sacó y enrolló los billetes en el celular y me lo dio. Después me dijo que saliendo de ahí nos iríamos juntos, pero le fue que no, porque tenía una junta con mi asesor, con mi tutor».

Sofía caminó lo más rápido posible para alejarse del salón, no quería saber nada del profesor, la escuela, ni de su examen.

La joven llamó por teléfono a una de sus mejores amigas y le contó lo que había ocurrido. Cuando salió del plantel y se dirigía a casa, se encontró sobre el puente peatonal a otro de sus compañeros.

«Me vio llorando, temblando, gritando y le dije lo que me había pasado, no se lo dije completo, pero le dije que el profesor había abusado de mí».

La joven tomó un taxi a casa. Se encerró en su habitación y gritó desesperadamente hasta desahogarse. Su hermana se acercó para preguntarle qué ocurría.

Sofía le contó por WhatsApp que había sido víctima de abuso sexual al interior de la Normal Veracruzana. No quería hablar del tema, sentía culpabilidad.

Cambio administrativo

Tanto su hermana como su amiga le recomendaron presentar la denuncia de hechos.

«En ese momento yo no quería, sentía que me estaba desmayando, sentía el tiempo muy rápido, me estaba sintiendo mal de salud».

Una maestra de su confianza se ofreció a llevarla al Centro de Estudios de Género de la BENV, donde fue atendida por las encargadas del departamento Laura del Carmen Muñoz Guzmán y Lisette Paola.

El acto de hechos fue levantada a las 12:15 horas del 30 de enero. Mientras allí se encontraba, recibió mensajes del profesor a su celular, donde le pedía que bajara a Coordinacion para firmar el examen y agradecía por su compromiso en la evaluación.

También acudió al Centro de Justicia para las Mujeres del Estado de Veracruz, donde declaró lo que sucedió en distintas áreas, entre ellas, una de la Fiscalía General del Estado (FGE).

«También área de Psicología, también me revisaron, tomaron pruebas los periciales. Después de esto, me mandaron al CAE (Centro de Alta Especialidad), donde me hicieron análisis y me dieron medicamentos (para evitar el contagio de enfermedades venéreas».

La universitaria también labora como niñera en sus ratos libres y decidió compartir su caso a sus jefes, quienes la apoyaron para que la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) interviniera en la investigación.

Incluso, este organismo autónomo recomendó medidas preventivas a lo directivos de la BENV, pero no fueron acatadas.

Sin restricción

La joven acudió a la oficina del director de la Normal Veracruzana, Daniel Domínguez Aguilar, para preguntarle sobre las acciones emprendidas en su caso.

Habían citado al maestro Carlos “N” cinco días después del abuso sexual, donde le leyeron el acta de hechos y dio su versión.

Fue cambiado de un área docente a una administrativa. Actualmente, se encuentra en la Promotoría Deportiva, donde la víctima lo ve con frecuencia.

«Sigue en la escuela, él ha estado ahí desde que pasó eso», recuerda la alumna, quien habla sobre una orden de restricción para que el docente no se acerque a ningún estudiante.

A su juicio, esto no se ha respetado en la institución de educación superior. Ella ha tenido que ir personalmente a esa área para que le entreguen materiales o dejar trabajos a otros maestros.

«Fue muy irónico que lo pusieran en un lugar donde yo lo iba a seguir viendo».

Sofía tiene miedo de ir a la escuela. No está dispuesta a ver a quien le hizo daño.

«Me escondo la mayoría del tiempo en la escuela porque tengo miedo de verlo, llorar y no sabes qué hacer».

Encubrimiento

La Dirección General de Educación Normal de la Secretaría de Educación de Veracruz (SEV) citó a Sofía el 19 de marzo a las 11:00 horas en el plantel, para que declarara una vez más lo ocurrido.

Ella llegó con su acompañante de la CEDH y una representante de la FGE, pues había solicitado asesoría y acompañamiento en cada citatorio que recibiera.

«Me dijeron que ellas no podían estar ahí, porque me habían citado sólo a mí y que no comprendían por qué yo había llegado con ellos. Hicieron una llamada y dijeron que estaba bien, que podrían quedarse».

La dijeron que no podía llevar algún testigo que no hubiera estado presente en el lugar donde ocurrió el abuso sexual, situación que sí fue válida para el profesor Carlos “N”.

«Al profesor lo subieron al segundo piso y a mi me sacaron por el primero, yo había escuchado que el profesor había llegado con tres testigos, pero en el momento que pasó no había nadie».

A Sofía no le permitieron leer la declaración del docente, pese a que tenía que firmar cuatro juegos de copias que incluían los dos testimonios.

«Me dijeron que no podía leerlo porque era algo interno. Empecé a leer un poco de lo que había declarado el profesor. Alcancé a leer que a él sí le permitieron tener testigos externos a lo qué pasó, esos testigos son tres compañeros de la escuela».

Los tres alumnos de Educación Física que testificaron a favor del profesor se han inscrito a los talleres de Carlos “N”.

«Ellos han estado en talleres con él. El profesor nos había prometido que quien fuera a sus talleres lo iba a pasar con diez aunque reprobará el examen, porque ellos lo estaban ayudando. Por lo mismo creo que por eso lo apoyaron, porque algo les prometió».

En sus declaraciones se lee que «el profesor es una buena persona y que sería incapaz de hacer algo así (abusar de una alumna)».

«Yo me preguntaba por qué a mí no me habían dejado tener testigos así. A cualquier persona le podría decir: di que soy buena y lo hubiese hecho. Pero esos testigos no deberían de valer y no sé por qué la dirección de educación normal no me quiso dar respuesta y me hizo firmar algo que yo no había leído».

El pasado 6 de marzo, el director de la BENV, Daniel Domínguez Aguilar, reveló la existencia de una denuncia en la FGE por acoso sexual, cuando en realidad se trataba de un caso de abuso sexual por parte de un docente.

El 15 de marzo, la directora de Educación Normal de la SEV, María Cristina Lara Bada, declaró a medios de comunicación que hay dos procesos legales por acoso sexual en escuelas normales de la entidad. También ocultó que uno de estos correspondía a la agresión perpetrada por Carlos “N”, señalado de abusar sexualmente de Sofía.

90 casos de abuso sexual

De acuerdo con cifras del SESNSP, hasta el primer bimestre del año se habían contabilizado 90 casos de abuso sexual en Veracruz: 35 en enero y 55 en febrero.

También destacan 58 casos de hostigamiento sexual en el mismo periodo.

En todo el año 2019, se registraron 314 casos de abuso sexual en la entidad.

Sin embargo, grupos feministas han manifestado que muchas mujeres prefieren no presentar denuncias por desconfianza en el sistema de procuración e impartición de justicia o por temor a represalias.

Sofía, la alumna de la Normal Veracruzana, exige a las autoridades que sea aplicado todo el peso de la ley contra quien abusó de ella.

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