Morirse en tiempos del Coronavirus

Coronavirus
Morir en tiempos del Coronavirus FOTO: WEB
Futuro de México incierto y riesgoso
La traición a empresarios solidarios

Carlos Jesús Rodríguez Rodríguez / MORIRSE EN estos tiempos de Pandemia podría no ser tan caro, pues a diferencia de otras épocas la gente ya no acude ni a los velorios ni a los sepelios por temor a contagiarse de coronavirus, enfermar y hasta fallecer, y aunque los miedos podrían ser justificados, lo cierto es que lo peor está por venir, y se reflejará, seguramente, en una crisis alimentaria –porque miles de campesinos dejaron de sembrar sus tierras en este ciclo productivo Primavera-Verano cuyo periodo comienza en Marzo y finaliza en Septiembre, y generalmente las primeras cosechas de la temporada inician en el mes de Junio. En México tres cuartas partes de la superficie agrícola se destinan a cultivos del tipo cíclico, 54 por ciento para Primavera/Verano y 17 por ciento para Otoño/Invierno, y el 29 restante es superficie destinada a cultivos del tipo perenne –por ser de riego-, y entre los productos obtenidos en este ciclo destacan: el jitomate, lechuga, chile, calabaza, ejote, pepino, col, frijol y maíz, que son básicos en la alimentación del mexicano, y si el campo no se siembra ni se cultiva, las importaciones no se harán esperar para satisfacer la demanda nacional, por supuesto a costos más elevados o de ínfima calidad. Pero si a lo anterior se agrega que el regreso a las fuentes de empleos podría prolongarse hasta Mayo o Junio, esto es, más de 60 o 90 días sin trabajar debido a la pandemia, la situación se agravará todavía más porque no habrá dinero para adquirir la canasta elemental y, de paso, seguir pagando servicios como luz, agua, gas y, en otros casos renta e internet tan necesarios ya no solo como fuente de entretenimiento sino mecanismo de trabajo desde el hogar.

Y AUNQUE pareciéramos Apóstoles del Desastre o Conservadores –como califica el Presidente Andrés Manuel López Obrador a todos quienes le contradicen o no están de acuerdo con sus puntos de vista-, basta reflexionar en torno a cálculos de la administración amlista en torno al tamaño de la crisis económica que viene después de la contingencia del CoVid19. En ese tenor, a través de la Secretaría de Hacienda, la Presidencia de la República estimó que el Producto Interno Bruto en 2020 decrecerá en el peor de los casos hasta 3.9 por ciento, y en el mejor de los escenarios habrá de crecer solamente 0.1 por ciento, cálculo con proyecciones de organismos internacionales y analistas del sector privado. Según los precriterios para conformar el Paquete Económico para este año, “las estimaciones de las finanzas públicas para 2020 se realizan bajo un escenario prudente que considere un balance de riesgos acorde con la elevada incertidumbre que existe sobre la actividad económica”, en suma, cuando aún no se consideraba el Coronavirus, Hacienda preveía que el escenario global resultara desfavorable nuevamente para el País, y que los requerimientos financieros del Sector Público ascendieran a 4.4 por ciento del PIB.

SEGÚN EL empresario y analista financiero, Pedro Tello Villagrán, estamos en una emergencia sanitaria sin una estrategia económica que podría llevar al País a la pérdida de entre 600 mil y 900 mil empleos, y lo peor es que las empresas que están cerrando temporal o definitivamente no podrán contar con respaldo y mantener las fuentes de trabajo, porque de parte del Presidente Andrés Manuel López Obrador no hay visos de apoyo. De hecho, Bank of America (BofA) Securities advierte que México va a vivir la peor recesión en su historia reciente y, por ello otra vez recortó su expectativa de crecimiento para 2020 de -4.5 a -8 por ciento, y el ajuste se debe a que se anticipa una mayor contracción en la economía estadounidense para este año, de 6 por ciento, lo cual va a impactar al País en materia comercial. A ese factor se agregan los bajos precios del petróleo que van a repercutir en las finanzas públicas y la declaratoria de emergencia sanitaria por el coronavirus, que afectará a la economía por el cierre de comercios y otras medidas.

ES TAN grave la situación que se avizora, que desde el Senado el Grupo de Trabajo para el seguimiento del CoVid19 exige al gobierno la promulgación de una Ley de Emergencia en la que se suspendan durante tres meses los cobros de intereses de créditos hipotecarios, tarjetas de crédito y automotrices, así como servicios, entre otros, agua, luz, gas e internet, solo en lo que pasa la emergencia sanitaria. El documento es firmado por senadores del PAN, PRI, MC y PRD, y uno de los puntos en el rubro económico que sugieren es apoyar a las entidades federativas con recursos extraordinarios inmediatos para dar atención a la pandemia por tratarse de un riesgo que afecta a toda la nación, además de garantizar la entrega de un bono económico y alternativas (guarderías, becas y alimentación), para que las hijas e hijos de quienes atienden el primer frente de la contingencia, como son el personal médico y de enfermería, así como personal indispensable como el de limpia, transporte y seguridad para que puedan estar tranquilos durante el tiempo que éstos atienden sus labores.

Y AUNQUE el domingo el Presidente López Obrador anunciará un plan de reactivación de la economía, de antemano descartó la condonación de impuestos o la reducción del ISR a empresarios, a los que, por otra parte, exige pagar salarios completos y no despedir trabajadores, muy a pesar de la emergencia por el coronavirus que ha cerrado diversos negocios y empresas. Y es que AMLO se pregunta: ¿De dónde vamos a sacar para darle a los adultos mayores, a niños con discapacidad, a los campesinos, para otorgar créditos a las pequeñas empresas?”, y de esa forma justifica su decisión, aun cuando asegura que su administración tiene finanzas sanas y suficientes para hacer frente a la pandemia, pero no cesa de presionar al sector privado para que lo ayuden, aunque por otra parte lo agrede.

A ver, es muy sencillo, dice el Presidente, “si decimos que no se pague el ISR o que se reduzca, ¿qué va a significar? Menos ingresos, menos recaudación, y no habría recursos para los programas sociales (o sea, son más importantes en estos momentos sus programas sociales clientelares electorales que evitar el despido masivo de personal que, por otra parte, en la medida en que se agudice elevará los índices de criminalidad), ya que los 3 mil 800 pesos mensuales que regala a adultos mayores –dinero que les arrebatan en muchos casos hijos y nietos-, no alcanza para la canasta básica y el pago de servicios en caso de perder el empleo, pero el capricho es mayor al entendimiento. Y AMLO recurre a su salida favorita: “para los que insisten en que quieren condonación de impuestos; el no pago completo se justificaba con el supuesto crecimiento económico, pero ¿qué sucedió durante el periodo neoliberal? (¿Y la tregua presidente?). No pagaban impuestos y no hubo crecimiento económico, o sea, son esos mitos que hay que ir viendo en beneficio de todos”-. En fin, el futuro de México es incierto; México se encamina al despeñadero y AMLO sigue atacando al pasado sin darse cuenta que ya transita en el presente y, peor aún, ante un futuro obscuro e impreciso. Al tiempo. OPINA [email protected]

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