El amor en tiempos del Coronavirus

Coronavirus
Jorge Flores Martínez FOTO: DEL AUTOR
- en Opinión

Jorge Flores Martínez / Como en la novela del gran García Márquez, vamos a ondear la bandera amarilla y navegar sin destino, resistiendo volver al horror de la vida real, seguir navegando en el río para siempre.

Estos son días de los que definen el rumbo de la historia, sin la menor duda, esta pandemia tendrá consecuencias muy profundas en este manicomio esférico que llamamos planeta tierra. Nos enfrentamos a lo desconocido, es comprensible que sintamos miedo, pero estamos preparados como civilización a comprender lo desconocido. No tengamos miedo, solo hay que temerle al mismo miedo.

Para muchos la economía es el gran enemigo, lo desconocido que debemos temer. Algunos aseguran conocer al monstruo y le llaman “Neoliberalismo”, afirman que su intención es acabar con la humanidad tal y como la conocemos para implantar un nuevo orden mundial.

Yo no lo puedo ver así, por el contrario, entiendo que la economía de una región, país o la mundial, es el resultado de miles de millones de pequeños y grandes intercambios comerciales diarios. Somos tu, yo, él y todos, los que al comprar un kilo tomate o cargar combustible, participamos como todos los habitantes del planeta, en eso que llamamos economía mundial.

No lo entendemos así, porque nadie nos lo ha explicado, y es por eso que le tememos. Esta pandemia de coronavirus será, sin la menor duda, una donde más que fatalidades creará más pobreza.

Habrá quien asegure que es el fin del capitalismo y del libre mercado como lo conocemos, no tengo duda que mucho cambiará, pero no será el fin del occidente liberal y capitalista. Puede ser, que por el contrario, sean los países donde hay libertades los que mejor libren la pandemia. El mercado tiene sus herramientas de autocorrección, con las que no cuentan otras economías como la nuestra.

Voy a intentar explicarme: Si para un país el petróleo deja de ser negocio, el mercado se autocorrige y dan inicio la búsqueda de nuevas alternativas. El mercado pondrá el precio de los combustibles y el consumidor tendrá opciones que podrá valorar. En otros países, donde el estado interviene en la economía con un discurso nacionalista simplón, llama a rescatar a la industria petrolera, que la define como “Soberanía Nacional” y los contribuyentes tienen que hacerse cargo de pérdidas de miles de millones de dólares, desperdiciando así, los recursos que deberían destinarse a la salud de todos.

Tampoco falta quien aseguré que la cura a esta pandemia la desarrolle Cuba en sus “avanzadísimos” centros de investigación microbiológica. Siento decepcionarlos, lo único que produce la isla del Caribe es ideología y esta, por desgracia, solo produce pobreza y más pobreza. La cura vendrá de los países que apostaron por educar a su población con principios científicos y tecnológicos.

En nuestro país seguimos apostando por un Estado que resuelva nuestra pobreza, invertimos miles de millones de dólares en proyectos nacionalistas inviables económicamente, como una refinería, el Tren Maya y un aeropuerto sin estudios mínimos. Le metemos toneladas de dinero a un Pemex que no hace otra cosa que tirarlo a la basura irremediablemente.

Nuestra apuesta como país es de las que van a resultar las grandes perdedoras al final de esta pandemia. Los mercados se autocorregirán, habrá grandes perdedores y aun más grandes ganadores. La economía mundial perderá billones de dólares y esas perdidas, no tengan la menor duda, se trasladaran a los países, que como el nuestro, apuesten por soluciones ideologizadas e irresponsables.

La solución deberá ser invertir en salud, educación y seguridad, es la única obligación que le dimos al Estado. No cometamos el error de perder otra vez todo en el petróleo, es una apuesta más perdedora que comprar una cachito de la rifa del avión no avión.

Cuiden mucho a sus viejitos, ondeen la bandera amarilla y naveguen por el rio del coronavirus.

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