Un corredor turístico para la costera, tramo Cempoala-Río Nautla

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Un corredor turístico para la costera, tramo Cempoala-Río Nautla FOTO: WEB
- en Opinión

Jorge Díaz Bartolomé / La riqueza cultural de México es enorme: historia, tradiciones, sitios y zonas arqueológicas, arte virreinal, arquitectura conventual, artesanía, gastronomía, haciendas coloniales, por mencionar algunos. Las regiones de nuestro país son muy distintas unas de otras, no podemos comparar las zonas mineras del Bajío con la costa, donde las antiguas culturas mesoamericanas florecieron y muchos vestigios están a la vista, otros en espera de ser descubiertos.

La propuesta para conocer los sitios históricos de la costera, tramo Cempoala-Río Nautla, inicia en la zona arqueológica de Cempoala (Zempoala), actualmente resguardada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia. A mediados del siglo XV, éste y otros centros costeros habían sufrido el sometimiento de Moctezuma I, situación que aprovechó Cortés para forjar su alianza con “Chicomecátl”, el Cacique Gordo y emprender su camino hacia Tlaxcala.

Quiahuiztlán, conocido como el “Cerro de los Metates” fue un sitio elegido por los totonacos para levantar sus templos y la última morada de sus muertos, para ello, construyeron pequeñas tumbas tipo mausoleo, agrupadas en forma de cementerio, asemejando un «teocalli» o templo mesoamericano; la zona es Patrimonio de la Nación y se encuentra resguardado por el INAH, además de contar con una extraordinaria vista a la playa Villa Rica.

Las Higueras es un sitio arqueológico poco conocido, se encuentra en el municipio de Vega de Alatorre, su historia se remonta hace mil cuatrocientos años, cuando fueron construidos edificios de tierra, recubiertos de piedra bola de río, unida con argamasa de cal, la cual se obtenía de la concha quemada y triturada. Dicho estuco también servía como revestimiento de los muros que tenían coloridas pinturas, mismas que fueron hechas a través de trescientos años, pintando y repintando las paredes con capas sucesivas. En éste lugar se encontraron murales que muestran pasajes de la vida de los totonacos de la costa, que permiten conocer la vestimenta y características físicas. Actualmente en el museo de sitio de Las Higueras se pueden apreciar réplicas de los murales, una parte de las originales se encuentran expuestas en el Museo de Antropología de Xalapa, la mayoría se encuentran resguardadas en bóveda y forman parte del Patrimonio Cultural de los mexicanos.

San Rafael es conocido por sus quesos, sin embargo su historia es más que fascinante, ya que se remonta al 24 de abril de 1833, fecha en que arribaron los primeros colonos procedentes de Dijon y Champlitte, en su mayoría campesinos. Su misión era fundar una granja colectiva, para lo que se les ofreció casas y tierras, pero tristemente fueron engañados, al no existir nada de lo que se les había prometido. A pesar de las adversidades, la colonia fue fue creciendo poco a poco, convirtiéndose en los primeros pobladores de “Zopilote”, actual San Rafael. Perseguidos durante la Guerra con Francia en el siglo XIX, en el año 1839 caminaron en caravana hacia el Puerto de Veracruz para entrevistarse con el presidente Antonio Lopez de Santa Anna, quien al ver las condiciones en las que se encontraban, les extendió un salvoconducto y así evitar las hostilidades de los caciques locales. Tiempo después se establecieron en las tierras que había adquirido el abogado poblano Rafael Martínez de la Torre. Los descendientes de aquellos migrantes franceses introdujeron las técnicas de fecundación de vainilla en México.

Jicaltepec es uno de los pueblos más típicos de la costera del Golfo, su historia es prácticamente la misma que San Rafael, se refiere a los primeros ochenta colonos que se embarcaron en el puerto de El Havre y durante una travesía de más de dos meses, llegaron a costas veracruzanas donde los esperaba Stéphane Guenot, quien había llegado antes para preparar los terrenos de cultivo y establecer las viviendas de los inmigrantes. Gracias al arduo trabajo y su adaptación al entorno, a finales del siglo XIX habían logrado un fuerte impulso agrícola en una compañía franco-mexicana, cosechando maíz, tabaco, frijol y vainilla, también habían incursionado en la producción de aguardiente de caña.

El crear una infraestructura turística en esta ruta, se lograría una importante derrama económica en las localidades antes mencionadas, agregando el impulso a la rica gastronomía que actualmente existe; esto ayudaría de manera significativa a los pobladores. Con voluntad y trabajo conjunto entre gobierno federal, estatal y municipal, los resultados serían formidables.

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