La economía destrozada

Economía
La economía destrozada FOTO:WEB
- en Opinión

Sergio González Levet / En sus afanes de igualación de los ciudadanos mexicanos, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha tenido éxito cuando menos en una cosa: nos ha igualado a todos en la pobreza, o en esa suerte de pobreza que es que el muy rico sienta que está ganando menos, que el rico ya no pueda darse los lujos de antes, que al clasemediero no le alcance la quincena para nada, que el pobre siga sin poder salir de su miseria, aunque, a pesar de que o porque recibe poco más de mil pesos al mes de limosna gubernamental.

La economía nomás no levanta en la 4T, y es el otro talón de Aquiles del lopezobradorismo. O uno de tantos, porque el Presidente actual tiene varios talones de ésos, cuando todos pensaríamos que con dos era más que suficiente para que pudiera caminar su administración.

Pero no. Las finanzas, el dinero, los flujos y reflujos, las inversiones internas y extranjeras, los presupuestos públicos y privados, los números aleatorios de la economía cotidiana se han convertido en verdaderos intríngulis para el titular del Ejecutivo, que se hunde en ese mar con tanta deficiencia como es eficiente, a contrario sensu, al navegar en el oceano de las declaraciones, de las invectivas contra el pasado, de las caricias expresadas al pueblo amado y bondadoso.

El bolsillo de los mexicanos está ralo para todos.

No la ven los cientos de miles o millones que son empleados públicos, porque sus sueldos se rebajaron hasta el punto de la ignominia, y eso los que conservaron el empleo, porque muchos fueron corridos a mansalva, contra la ley y contra las buenas costumbres.

No la divisan tampoco los académicos y los científicos y los investigadores y los artistas, porque son tratados como si lo que hacen no sirviera para nada, y han

dejado de crear, de descubrir, de inventar, porque a alguien se le ocurrió que formaban parte de la corrupción, como tantos que han sido injustamente culpados y castigados.

Pero tampoco la miran los ninis, que por 3,600 pesos al mes fueron condenados a seguir siendo lo que han sido; unos inútiles y carne de cañón para las adicciones y la delincuencia.

Treinta millones de mexicanos se volcaron en las urnas a favor del cambio y en contra de las corruptelas inimaginables de quienes habían detentado el poder por más de un siglo. Pero todas esas ciudadanas y todos esos ciudadanos fueron de buena fe, pensando en que todo iba a ser para mejor, que lo que se dejara de robar sería para el bienestar de la nación y de sus ocupantes.

Que la revolución electoral nos iba a dar un gobierno que proveería mejores condiciones de trabajo y de salario, mejor educación, mejores servicios y obras.

Duele tanta soberbia de los recién llegados a los puestos públicos; duelen las corruptelas que no se han erradicado; duele la incompetencia y lastima el nepotismo.

Duelen el engaño, el robo y la traición manifiestas.

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