Andrés Aguirre Juárez, director del Cobaev, tapadera, cómplice y partícipe de regalías que reparte Érika Ayala para proteger aviadores y a su vástago

Cobaev
Andrés Aguirre Juárez, director del Colegio de Bachilleres de Veracruz FOTO: WEB
- en Carrusel, Opinión

Armando Ortiz / Andrés Aguirre Juárez, director del Colegio de Bachilleres de Veracruz es tapadera de Érika Ayala; al mismo tiempo es cómplice y partícipe de las regalías que la líder reparte a varios funcionarios de esa dependencia con tal que le permitan la corrupción galopante que impera en el Cobaev. En este medio hemos denunciado y mostrado pruebas irrefutables que pondrían en el desafuero a la lideras del SUITCOBAEV, pero que también la pondrían en la cárcel, en caso de que se hiciera una investigación rigurosa. Hemos mostrado los formatos del primer y segundo trimestre de la nómina del Cobaev, donde aparece el nombre del hijo de Érika Ayala como profesor de tiempo completo, eso sin tener título y otorgándole la plaza siendo menor de edad. Eso está más que comprobado. Pero cuando a Andrés Aguirre Juárez le preguntan sobre la plaza de Bryan Alexis Juncal Ayala, hijo de la diputada Érika Ayala, hace como que la virgen le habla y dice que se está investigando. ¡Investigando! Pero si el trabajo ya se lo hicimos, se trata de que verifique la documentación del joven, la edad en que se le dio de alta y se dé cuenta que es un delito lo que se llevó a cabo, un acto de vil corrupción. Pero no va a hacer nada, pues mientras le llegué su pago de regalías a tiempo, mientras la líder del sindicato no le dejé de dar su mochada, siempre podrá decir que se está investigando. Lo mismo en el caso de los cientos de aviadores que sólo van a checar y que ya son unos apestados en las oficinas de Cobaev.

Morena, te pareces tanto al PRI, que no puedes engañarnos; disturbios en la elección de delegados distritales

Parafraseando la canción de Juan Gabriel que interpretara magistralmente Lupita D’Alessio: “Te pareces tanto al PRI, que no puedes engañarme”. Esa frase le queda al dedillo a los dirigentes de Morena que buscaron al “haiga sido como haiga sido” colocar a sus delegados distritales para tener control sobre las futuras selecciones de candidatos a puestos de elección popular. No hubo mesa donde no se hayan dado disturbios; no hubo distrito donde no llegaran los acarreados; no hubo líder que no ocupara recursos estatales para pagar esos acarreos. La mano de todos estuvo en esta elección, Manuel Huerta y sus delgados, Éric Cisneros y sus funcionarios, Cuitláhuac García y sus cercanos, Rocío Nahle y sus emisarios; todos se olvidaron de sus principios, escrúpulos, moral, ética, se quitaron su disfraz de democráticos y dejaron ver al priista que traen adentro. ¿Dónde quedó el no mentir, no robar, no traicionar? ¿Dónde quedó la doctrina lopezobradorista que pretende desterrar todas estas prácticas antidemocráticas? Por supuesto, la dirigencia dirá que fueron casos aislados, y que Morena sigue siendo un ejemplo democrático en el país. O quizá digan lo que dijo Yeidckol Polevnsky, la dirigente de este partido, que no tenemos derecho a criticar, porque la crítica es patrimonio de ellos.

No fue López Obrador el que libró a Ovidio Guzmán, hijo del Chapo, fue el Santo Niño de Atocha, del que Ovidio es devoto

Ya no le busquen y dejen de responsabilizar al presidente por la liberación de Ovidio Guzmán López, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán. El que libró a Ovidio fue el Santo Niño de Atocha, del que el narcotraficante es muy devoto. Si usted se fija bien, en la foto que le tomaron a Ovidio Guzmán ese jueves 17 de octubre que lo detuvieron, se advierte que de su cuello cuelga un escapulario del Santo Niño de Atocha. De acuerdo con la hagiografía de este santo, se dice que cuando en España los moros tomaron a muchos prisioneros, no dejaban que nadie visitara a los presos a no ser que fuesen los niños. En una de esas prisiones, cuando los presos oraron mucho por ayuda, de repente apareció un niño con una canasta y un báculo que les llevaba de comer. Comieron hasta hartarse, pero vieron que la canasta no se vaciaba. El niño iba vestido con un sombrero de ala y capa de peregrino y es muy venerado por los delincuentes, tanto que Pablo Escobar era devoto de él, aunque Pablo no lo libró de la muerte. De modo que ya dejen de culpar a AMLO de la liberación de Ovidio y háganse devotos del milagroso Santo Niño de Atocha, igual un día requieran de sus milagros.

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