Con Winckler sucedían cosas peores

Winckler
Cuitláhuac García Jiménez FOTO: WEB
- en Opinión

Jorge Flores Martínez / No hay duda que lo que motivó el voto en la elección pasada fue el enojo, resentimiento y frustración de millones de mexicanos que, hartos de gobiernos insensibles, corruptos y sin resultados, se lanzaron a las urnas con la intención de cambiar la realidad de una vez por todas.

Lo que no consideramos en su momento, es que cuando el pueblo vota con tanto enojo lo que resulta ganador es el mismo enojo ahora hecho gobierno. Cuando es el resentimiento lo que nos lleva a votar, es justamente el resentimiento lo que nos va a gobernar.

Es importante que alguien nos diga que la democracia no modifica nuestra realidad, es tan solo una forma de organizarnos como sociedad para lograr objetivos comunes. La democracia no crea sociedades prosperas ni economías fuertes y justas, pero sin democracia es muy difícil lograrlo.

También creo que somos una sociedad muy ingenua al creer que le democracia nos llevará a la felicidad. Si lo pensamos bien, es casi enternecedor creer que votar por alguien o algo nos hará un país feliz.

Votamos desencantados de la democracia y se le entregó el poder a un persona y a un proyecto de nación. Nos presentamos a las urnas con la esperanza prometida del proyecto que nos llevará a la felicidad perdida, al país de la justicia y la libertad de nuestros padres y abuelos. Fuimos ingenuos y desmemoriados, el proyecto de nación que nos prometen se parece demasiado al México autoritario, injusto y sin libertades que vivieron nuestros padres y abuelos.

En Veracruz sucedió lo mismo, estábamos hartos y muy enojados de la plenitud del pinche poder de Fidel, del cinismo cleptómano de Javier y la intención de un Feudo hereditario de los Yunes, y salimos con una furia irreverente a votar cualquier otra cosa que no fuera más de lo mismo.

No nos importó que el candidato fuera incapaz o sin experiencia, es más, eso lo hacia más deseable. No le dimos importancia que no pudiera responder cuestiones sencillas en los debates de campaña y saliera con estribillos graciosos, eso, siendo sinceros, se lo festejamos a carcajadas.

Sabíamos que no era el mejor candidato y aun así votamos por él, también estábamos seguros que muchos de los que lo acompañaban en las boletas eran personajes impresentables, y aun así votamos por ellos sin pensarlo dos veces.

La democracia nunca nos dejará como resultado la felicidad, pero estoy seguro que en la democracia lo que se vota se obtiene, y nosotros como Veracruzanos sabíamos que votábamos y que íbamos a obtener.

Que nadie se diga engañado, votamos con enojo, frustración y resentimiento, y me apena mucho decirlo, eso es justamente lo que nos gobierna.

Con Winckler sucedían cosas peores.

Ahora solo esperemos que no sucedan cosas terribles sin Winckler.

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