La Libertad y la Democracia ya no importan

Democracia
Libertad y democracia FOTO: WEB
- en Opinión

Jorge Flores Martínez / En estos tiempos modernos la idea de libertad y democracia están fuera de agenda, dejaron de ser primordiales para los electores que ahora tienen prioridades mucho más importantes.

Esto lo tienen claro nuestros políticos, que ahora nos prometen libertad de expresión, siempre y cuando lo que expresemos les agrade; nos prometen libertad de agrupación, siempre que sea en la plaza pública en su apoyo; nos prometen libertad de movimiento, siempre que sea para ir a sus mítines, y nos prometen democracia, mientras se vote por ellos. Son los tiempos de prometer todo a cambio de que nosotros les permitamos administrar nuestras libertades.

Se trata de una circunstancia que se observa a nivel mundial y que posiblemente tenga su origen en un desgaste de lo que durante años hemos conocido como Democracia Liberal, a la que nuestro país, por cierto, llegó tarde y ahora, en esta nueva realidad, nos toma con instituciones aun no plenamente consolidadas y una ciudadanía con cierto desencanto por la idea de libertad y democracia.

A los ciudadanos posiblemente ya no nos importe la libertad y estemos dispuestos a canjearla por seguridad, también es posible que estemos decepcionados de la democracia y sin dudarlo un momento, la cambiemos por certidumbre y orden político. De lo que parece que no estamos conscientes como ciudadanos, es que perderemos la libertad y no obtendremos la seguridad prometida, la certidumbre y orden político, serán sustituidas por regímenes cada día un poco más autoritarios y fuertes.

Insisto, no se trata de un fenómeno exclusivo de nuestro país, se repite en muchas latitudes y en todos los espectros políticos. Estos nuevos liderazgos requieren mantener estructuras institucionales en la medida que les sean útiles en su propio andamiaje democrático y solo desmantelaran todo aquello que les impida conservar el poder.

Me explico, requieren aparentar ser regímenes democráticos para estar blindados de cualquier señalamiento internacional, es por eso que el desmantelamiento institucional será muy cuidadoso y casi quirúrgico para mantener una idea de un marco democrático mínimo.

En nuestro país cualquier transformación nacional pasa forzosamente también por la economía, después de todo, México es una de las 15 economías más grandes y diversificadas del mundo. No somos el mismo país de hace 40 años, donde apostamos todo por el petróleo y perdimos toda una década de desarrollo. Ahora tenemos fortalezas y somos competitivos a nivel internacional en muchas áreas, nuestra economía ya no está petrolizada, contamos con un comercio internacional muy importante y nuestra industria esté plenamente instalada en las cadenas de productivas de América del Norte.

A mi me gustaría que apostáramos en nuestras potencialidades y justo donde realmente somos competitivos, es en esos sectores donde está el crecimiento del país. Reproducir el éxito del Norte y del bajío en el Sur pobre y marginado. Dejar de invertir miles de millones de dólares en proyectos sin sentido, así como en programas asistencialistas que está demostrado solo perpetúan la pobreza.

Pero los nuevos regímenes no buscan crecimiento de la economía, es el anclaje a modelos tradicionales de producción lo que les interesa. Dicen que no importa el crecimiento, es el desarrollo lo que debe preocuparnos, una frase que no dice nada pero que encierra a la perfección el pensamiento de los nuevos tiempos. Después de todo es más fácil gobernar administrando la escasez que la abundancia.

Van a desmantelar la estructura económica, pero al igual que la democracia, solo sustituirán partes del andamiaje que les incomodan y renunciaremos a todo aquello que sea complejo y sofisticado tecnológicamente. Es por eso que desistimos como país de las nuevas tecnologías energéticas y regresaremos al carbón y refinerías de petróleo, aun en contrasentido de la realidad global del siglo XXI.

La promesa que nos ofrecen es irresistible, seremos un pueblo bueno y feliz, donde nos regiremos bajo tres principios básicos: no mentir, no robar y no traicionar. La Cuarta Transformación no busca transformar el país, persigue un fin más noble, lo que quiere es la transformación moral de todos los mexicanos.

Siento ser pesimista, pero han intentado infinidad de veces que sea el hombre el que se transforme para encontrar la felicidad prometida, cuando lo que tenemos que hacer es transformar las circunstancias para cambiar la realidad del hombre.

Es posible que así no encontremos la felicidad, pero estoy convencido que es el único camino para el bienestar y la prosperidad.

Pero no, es más fácil renunciar a nuestras libertades y dejarlas en manos de los que nos prometen el paraíso en la tierra.

Es el signo de los nuevos tiempos.

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