Don Sergio, Cuitláhuac y Winckler; el bueno, el malo y el feo

Sergio
Sergio Obeso Rivera; Cuiláhuac García Jiménez; Jorge Winckler Ortiz FOTO: WEB
- en Opinión

Luis Ramírez Baqueiro / 

“Hay en la cortesía encanto y provecho.” – Eurípides.

Tres personajes son hoy los titulares de los medios estatales.

Por un lado, Don Sergio Obeso Rivera, cardenal y Arzobispo Emérito de Xalapa, quien, tras cumplir con su misión terrenal, ha emprendido el viaje a la otra vida en la que el tanto creyó.

Su labor y tarea quedaron de manifiesto, tres veces presidente del Episcopado Mexicano, artífice junto a otros personajes políticos de su tiempo de la nueva relación Iglesia y Estado; coadyuvante en febrero de 1996, para que los representantes del gobierno del entonces presidente Ernesto Zedillo y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), firmaron los Acuerdos de San Andrés Larraínzar sobre “Derechos y Cultura Indígena”, primer y único documento firmado entre las partes.

Humanista, pastor de su Iglesia, teólogo, extraordinario ser humano, será recordado como uno de los personajes más importantes del siglo XX y principios del Siglo XXI.

Por eso el vuelco de miles de católicos y no creyentes a sus exequias, un hombre “bueno” en toda la extensión de la palabra.

Del otro lado, Cuitláhuac García Jiménez, gobernador de Veracruz.

Quien un intento por congraciarse con el presidente Andrés Manuel López Obrador, intenta dar un vuelco a su imagen, a su actuar personal, sentándose a la mesa a dialogar con el titular de la Fiscalía General del Estado (FGE), Jorge Winckler Ortiz.

Solo que aun cuando se reconoce el esfuerzo, la medida llega muy tarde, pues por un lado intenta construir una imagen de conciliador y negociador, mientras por la otra busca atizarle con todo desde cualquier tribuna.

Así como el “malo” se le vio en la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) y su encuentro con el fiscal General de la República (FGR), Alejandro Gertz Manero, al intentar buscar una salida legaloide al tema de la relación entre su gobierno y FGE, buscando crear una Ley de aplicación local para presentar cuanta denuncia sea posible en la FGR.

Por su parte, Winckler Ortiz, acude nuevamente al llamado del Gobernador, García Jiménez, mostrando profesionalismo y un alto sentido de coordinación interinstitucional.

El intento permanente de desacreditar su calidad ha sido parte de la fallida política del Gobierno Estatal, la pregunta es ¿hasta cuándo se empeñarán en dicha misión?

Por más intentos del Cuitláhuismo de hacerlo ver como el “feo” de la historia, los veracruzanos saben quién es el que les ha quedado a deber.

Quizá por ello, ocupa ya la posición 31 de los 32 mandatarios estatales del país en cuanto a nivel de aceptación.

Eso y nada resulta lo mismo.

Al tiempo.

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