Reprueban Obispos de México que crezca cultura de muerte

Obispos
La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) infirió que el país atraviesa una realidad socio-política compleja que deja ver claroscuros entre la vida y la muerte, cambiando la percepción de las relaciones interpersonales, el entorno, modifica los valores y comportamientos FOTO: JUAN DAVID CASTILLA
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Juan David Castilla Arcos / Xalapa, Ver. La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) infirió que el país atraviesa una realidad socio-política compleja que deja ver claroscuros entre la vida y la muerte, cambiando la percepción de las relaciones interpersonales, el entorno, modifica los valores y comportamientos.

El pronunciamiento ocupa posturas que el Papa Francisco exclamó durante su regreso de México en febrero del 2016: «El aborto no es un mal menor. Es un crimen. Es echar fuera a uno para salvar a otro. Es lo que hace la mafia. Es un crimen, es un mal absoluto. Se asesina a una persona para salvar a otra -en el mejor de los casos- o para vivir cómodamente».

El texto firmado por Rogelio Cabrera López, presidente de la CEM y por Alfonso G. Miranda Guardiola, secretario General de la CEM recalcó la postura de la iglesia católica en defender la vida desde su concepción hasta la muerte natural.

«La sociedad actual, bañada en un tinte de posmodernismo, abandera, superficial y falazmente, el estandarte del progresismo. Culturalmente pareciera que el inmanentismo y el subjetivismo, cimentados en una mentalidad relativista, absolutizan la fugacidad del tiempo presente convirtiendo al hombre actual, en un hombre superficial, esclavo del momento, carente de compromisos trascendentes y de razonamientos profundos. La radicalización del relativismo se ha convertido en el nuevo totalitarismo buscando acallar los dictados de la razón y justificando hasta lo más absurdo», se lee.

Los obispos firmantes lanzan cuestionamientos a la sociedad como: «¿Dónde quedó nuestra humanidad? por la situación de violencia en el país y la consideración de la interrupción legal del embarazo».

«Esto ha generado un sinfín de eufemismos que conducen al adormecimiento colectivo de las conciencias, permitiendo así, justificar prácticamente cualquier cosa, incluso aquellas que atentan contra la dignidad y los derechos fundamentales de toda persona, creando así esta cultura del descarte».

Además, ejemplificó la pregunta que hizo Dios a Caín: «¿Dónde está tu hermano Abel? – Contestó: No sé. ¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?» (Gn. 4,9).

Esta pregunta sigue resonando y haciendo eco a lo largo de la historia de la humanidad pero, en nuestros días y en este tiempo de cuaresma, cobra más fuerza que nunca, pues el hombre sumido en una cultura del descarte se desentiende del más frágil e indefenso y de nuevo somos interpelados el día de hoy: ¿Dónde está tu hermano?.

San Juan Pablo II en su encíclica Evangelium Vitae también hizo el siguiente exhorto: «Es urgente una movilización general de las conciencias y un común esfuerzo ético, para poner en práctica una gran estrategia en favor de la vida. Todos juntos debemos construir una nueva cultura de la vida».

«Es por eso que, en este tiempo de gracia y conversión, los exhortamos a todos a abrazar un compromiso más decidido y eficaz en la defensa de la vida humana, que se establezca un camino común donde organizaciones, grupos, movimientos y todos aquellos que quieran ser anunciadores de vida, sean una sola voz, remen en la misma dirección, teniendo como objetivo la promoción, el cuidado y la defensa de la vida humana desde el momento de la concepción hasta su muerte natural», recalcó el pronunciamiento de la iglesia.

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