Posadas: novenario de preparación para Navidad; no borracheras

Posadas
Para la Arquidiócesis de Xalapa las posadas no son fiestas que terminasen en borracheras, sino un novenario de preparación para la Navidad, cuya centralizada es el nacimiento de Jesús, el hijo de Dios que asumió la condición humana. De acuerdo con el vocero de la Arquidiócesis de Xalapa, José Manuel Suazo Reyes, la preparación de la fiesta cristiana mencionada va del 16 al 24 de diciembre y, en ella, se contempla el misterio de la encarnación del hijo de Dios, así como el ambiente y el contexto donde sucedió FOTO: JUAN DAVID CASTILLA
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Juan David Castilla Arcos / Xalapa, Ver. Para la Arquidiócesis de Xalapa las posadas no son fiestas que terminasen en borracheras, sino un novenario de preparación para la Navidad, cuya centralizada es el nacimiento de Jesús, el hijo de Dios que asumió la condición humana.

De acuerdo con el vocero de la Arquidiócesis de Xalapa, José Manuel Suazo Reyes, la preparación de la fiesta cristiana mencionada va del 16 al 24 de diciembre y, en ella, se contempla el misterio de la encarnación del hijo de Dios, así como el ambiente y el contexto donde sucedió.

En su comunicado dominical, el Presbítero recordó que las posadas forman parte de una tradición cristiana iniciada desde el periodo de la colonia que dispone a los feligreses interna y externamente para la celebración de la noche buena

«Llamamos noche buena a la noche en que celebramos el nacimiento del Hijo de Dios, se trata de la noche en que los ángeles cantaron el “Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres de buena voluntad», añadió.

El sentido cristiano de las posadas está detallado en el capítulo segundo de San Lucas, donde se narra que César Augusto ordenó un censo para que los habitantes de aquellas regiones acudieran a empadronarse a sus ciudades de origen. Por eso San José y su esposa la virgen María, quien estaba encinta, subieron a empadronarse desde Galilea, en la ciudad de Nazareth, a Judea, a la ciudad de Belén, por ser él de la casa y familia de David.

«Fue en Belén donde a María se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el albergue (Lc 2, 6)».

Los datos bíblicos se cuentan en los versos que se cantan durante las posadas. Y es que el que compuso los versos de este canto, hace hablar a San José, esposo de María para pedir posada. Durante el canto se manifiestan las dificultades de los peregrinos para encontrar alojamiento. Se revela su identidad y sus orígenes.

«Ella es esposa, es reina del Cielo, madre del Divino Verbo, es la virgen pura, la hermosa María. Él es José, viene de Nazareth, es carpintero y esposo de la Virgen María», se entona en cada posada.

Suazo Reyes explicó que las resistencias del dueño de la casa para no dar hospedaje, obligan al peregrino a invocar razones teológicas como “Dios se los premiará”, a final de cuentas quien pide posada es “La Reina del Cielo” y “madre del Divino Verbo”.

«Las posadas son una bella ocasión para vivir algunos aspectos importantes de la vida cristiana. En ellas se escucha la Palabra de Dios que nos narra los momentos previos al nacimiento de Jesús. Se tiene ocasión para hacer un momento de contemplación y de oración, pues según las estaciones que se vayan celebrando, se da la ocasión para poner en las manos de Dios diversas necesidades. Las posadas permiten vivir la experiencia de comunidad, sea porque los feligreses se reúnen en el templo parroquial o las capillas, o porque las familias aprovechan la ocasión también para reunirse en la casa o en algún lugar».

También comentó que durante las posadas se viven verdaderos momentos de humanidad. Hay lugar para la convivencia, para la caridad y para vivir la solidaridad.

«Muchas veces en las posadas hay también piñatas, y si es la estrella de siete picos, da la oportunidad para hacer una lectura de fe. Cada pico representa un pecado capital que con sus vivos colores seduce al alma para apartarla de Dios y llevarla al pecado. La persona con los ojos vendados, representa al creyente que con la fe, vence al pecado recuperando el don sobrenatural de la gracia, representada por la caída de frutas y dulces», enfatizó.

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