Devotos los guadalupanos, pero muy “cochinos” también; dejan toda su basura en las calles

Ayer fue el día de la virgen de Guadalupe. Millones de devotos guadalupanos iniciaron procesiones desde hace semanas, pero fue en los últimos días en los que se dejó llegar un mundanal de devotos hasta la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México. Cada feligrés llegó como su devoción se lo permitió: Algunos de rodillas, otros cojeando, otros en su silla de ruedas, otros en bicicleta, otros arrastrándose, otros con nopales en la espalda, otros fustigándose, otros con la consciencia tranquila, otros con la consciencia sucia, otros llegaron por su propia voluntad, otros llegaron porque los llevaron.

El caso es que millones de devotos llenaron las avenidas que conducen a la Basílica, avenidas que quedaron llenas de basura, montañas de basura que tiraron los devotos; y es que lo devoto no quita lo marrano. Claro, a quien le importa tirar basura en la calle si de todos modos al llegar ante la “morenita del Tepeyac” se le puede pedir perdón hasta por ser cochino.

Decía Octavio Paz, que «nuestra pobreza puede medirse por el número y suntuosidad de las fiestas populares», incluyendo la del 12 de diciembre. Pero la pobreza de un pueblo también se puede medir por las toneladas de basura que arrojan a la calle.

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