En México preocupa más cómo se aprehendió al presunto delincuente, que los crímenes que se le imputan

Orden de aprehensión FOTO: WEB

Hablando de leyes, que lamentable país aquel en el que los jueces, en lugar de analizar la inocencia o culpabilidad de un sujeto por los delitos de que lo acusan, o por las pruebas que el sujeto muestre de su inocencia, pierdan el tiempo en amparos sobre la manera cómo el inculpado fue detenido. ¡Qué triste país! Un país en el que una persona puede matar a dos o tres a la vista de varios testigos, o puede robar cientos o miles de millones de pesos, agraviando a todo un estado, pero que puede salir libre si los encargados de aprehenderlo no le leyeron sus derechos, o lo sacaron por la ventana en lugar de por la puerta, o lo expusieron a la lluvia, al frío.

Es absurdo, es grotesco, es surrealista. Ya lo dijimos, aplicar las leyes no significa hacer justicia. ¿Dónde quedó el sentido común? ¿Dónde quedó el sentido de la justicia? Hoy día un “buen” abogado puede librarlo a uno del más punible de los crímenes; sólo basta con encontrar algún juez corrupto, de los que abundan, o buscar un resquicio no contemplado en la ley, por donde puedan colar al delincuente, incluso haciéndolo pasar por inocente.

¿Acaso no es eso lo que se pretende hacer con Luis Ángel Bravo? ¿No es eso lo que se hizo con Javier Duarte? Por eso entendíamos la frustración de López Obrador cuando dijo: «Al diablo con las instituciones». Pero AMLO nunca cometió la estulticia de recomendar que las leyes injustas eran para desobedecerlas.

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