Organización estudiantil en Veracruz (1)

Estudiantil
Movimiento estudiantil del 68 en Xalapa FOTO: ENLACE VERACRUZ
- en Carrusel, Investigación

Pedro Lizárraga / La organización estudiantil veracruzana hasta mediados de los 60 se caracterizó por su apego al sistema político imperante. Se crearon grupos juveniles cuyo propósito evidente era obtener alguna ayuda para concluir estudios, sacar beneficios personales, sobresalir y ser tomado en cuenta por los funcionarios de la Universidad o el gobierno.

La juventud estudiosa veracruzana confluía formalmente en la Federación Estudiantil Veracruzana, FEV, estructura que por muchos años dominó el ámbito universitario compuesto por los niveles medio y el superior. La dirigencia de la FEV estaba reconocida por el gobierno, éste la sostenía económicamente, convirtiéndola en rico botín. Con frecuencia los líderes convivían con los altos funcionarios estatales y de la Universidad, lo cual se prestaba al establecimiento de relaciones privilegiadas en todos los órdenes. Por eso mismo, la dirigencia era muy codiciada y generaba feroces disputas entre los numerosos aspirantes a encabezarla. La FEV funcionó a manera de semillero político donde se forjaban los futuros funcionarios estatales. Esa organización comprometida plenamente con el poder, sirvió de base a decenas de estudiantes y profesionistas para su incorporación al PRI. Basta revisar la lista de las Planillas y encontrar posteriormente a diputados, presidentes municipales o autoridades universitarias. Ahí aparece Roberto Bravo Garzón, primer presidente de la FEV y que con el tiempo sería un influyente rector de la Universidad, Héctor Salmerón Roiz, igualmente rector; los funcionarios Raúl Olivares Vionet e Ignacio Altamirano Marín. La lista es enorme.

Además de la FEV, operaban varias agrupaciones estudiantiles. Las pequeñas organizaciones tenían la función de promover social y políticamente las uniones de amigos, acercarse al poder, y más que nada obtener apoyos de carácter económico para diversas actividades, como el sostenimiento de comedores, becas, viajes de estudio, eventos de tipo cultural, organización de concursos de oratoria, festejos, en especial la graduación. Muchos jóvenes con dificultades económicas vieron en esas camarillas una tablita de salvación que les permitió continuar sus estudios. Otros con mejor posición, se sirvieron del membrete para incrustarse dentro de las enredaderas del poder priista.

La cercanía de la FEV y otras organizaciones estudiantiles con el poder no sólo permitió el ascenso personal o de grupo, también se prestó para que funcionarios y políticos usaran a decenas de jóvenes en su promoción personal. Equipos de jóvenes eran llevados y traídos para encumbrar la figura de sus mecenas. Políticos sin escrúpulos, que desde aquellos años ya abundaban, desde los altos cargos abusaron de jóvenes para echar a andar campañas de promoción política o de denuesto en contra de sus enemigos, organizaban batallas campales, atracos, protestas simuladas, publicaciones espurias, desplegados en contra de luchas sociales y los verdaderos estudiantes.

Una forma muy socorrida en el uso de los jóvenes fue el reclutamiento de quienes destacaban en la oratoria. Con frecuencia el político en campaña invitaba a los practicantes de la palabra adornada a sus mítines. El muchacho se desvivía buscando halagar al padrino. De pueblo en pueblo se iban probando los jóvenes en piezas oratorias sobre diversos asuntos sociales. En el medio se llegó a conocer a esos desarrolladores de discursos oficiales como jilgueros. Con el propósito de descubrir a los muchachos con habilidad para conmover y manipular a las audiencias se mantuvieron concursos estatales y nacionales, como triunfadores de esas gestas se recuerda a Fidel Herrera Beltrán, Guillermo Zúñiga Martínez y muchos otros, que con el tiempo ocuparían cargos importantes en la administración local. Para ese efecto hubo una escuela, el Instituto Práctico de Oratoria Veracruzano, que por años funcionó en la calle de Hidalgo, a un lado del parque Los Berros.

La escuela que más jóvenes aportaba a las lides políticas era Derecho. Quien aspiraba a participar en política veía en el estudio de las leyes el camino al éxito. Ese era el ambiente más propicio para conocer funcionarios en el gobierno. También en ese terreno surgían las agrupaciones juveniles, ahí estaban los jilgueros al servicio del mejor postor. Derecho era la matriz de la actividad política oficial. El crucial año de 1968, el 2 de abril fue electo presidente de la sociedad de alumnos Juan José Rodríguez Prats, quien a razón de su cargo habría de participar de manera relevante en el movimiento de ese año. Entre las escuelas que tenían un lugar preponderante en la actividad política estaban Filosofía y Letras, Ciencias y Economía. En esta última fue electo presidente de los estudiantes Rafael Arias Hernández, quien también destacó en esos acontecimientos.

El uso de jóvenes por parte de los políticos degeneró en el sostenimiento de grupos vandálicos conocidos como porros. La porra en un primer sentido se componía de jóvenes que respaldaban a los grupos deportivos, aunque en su despropósito terminaron formando bandas al servicio de políticos deshonestos. Algunos directores de escuela patrocinaban núcleos de ocho o diez jóvenes para imponer el control sobre el estudiantado. En otro nivel, los funcionarios y políticos tuvieron a sueldo a esos grupos porriles para imponer el terror en la ciudad. Los contrataban y soltaban a causar destrozos en calles y comercios. Los porros subsistieron por décadas creando un ambiente de desasosiego entre los verdaderos estudiantes. Desde los años 60 hasta los 90, la Universidad fue nido de esas pandillas al servicio de funcionarios corruptos que se aprovecharon de la necesidad de cientos de jóvenes. Muchos de esos estudiantes se perdieron en el vicio o el servilismo y se convirtieron en criminales al servicio de los poderosos. Los políticos encumbrados siguieron sus carreras en tanto los porros no sólo fueron marginados de la Universidad, sino que sus vidas y estudios se vieron truncados.

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