El descontento generalizado era ocasionado específicamente por la Ley del Servicio Profesional Docente, una ley que obligaba a los docentes a evaluarse con un examen estandarizado, bajo la consigna que, de reprobarlo y no salir “idóneo”, éste tendría que ser cambiado de funciones y en caso extremo ser dado de baja.
Sin embargo, subliminalmente el nuevo modelo educativo de aprendizajes le da el tiro de gracias a las tecnologías, eliminando los talleres de las secundarias mexicanas. Un espacio que históricamente capacitó a miles de alumnos con conocimientos para la vida. Muchos maestros entregaron sus mejores años enseñando a los alumnos a hacer amarres e instalar contactos de luz.
Otros aprendieron a soldar y llegaron a ser herreros; en algunas escuelas había carpintería y algunos jóvenes que, por diversas razones dejaban la escuela, se ganaban la vida como carpinteros. Hoy, apenas les cae el veinte a varios docentes, no obstante, ya es demasiado tarde. Los efectos de la mal llamada Reforma Educativa ya están causando estragos en las escuelas secundarias, especialmente en las técnicas.