Javier Duarte merece un castigo ejemplar por lo que hizo; nada de consentimientos

Duarte
Cuitláhuac García Jiménez; Javier Duarte de Ochoa FOTO: ESPECIAL

Habría que decirle a Cuitláhuac García, gobernador electo, que el tema Javier Duarte no es tan simple como parece. Si bien Javier Duarte no puede ser objeto de venganzas personales, tampoco se debe tratar como si de un simple roba gallinas se tratara. Estamos hablando de un sujeto que a ojos vistas saqueó las arcas del estado de Veracruz; un sujeto que ocupó un cargo público, el más importante en nuestro estado, para enriquecerse desmesuradamente, y para enriquecer a los suyos. Por los hechos delictivos de Javier Duarte, muchos veracruzanos sufrieron.

Por ejemplo, Duarte, junto con sus cómplices, desvió el dinero del Seguro Popular, lo que causó el sufrimiento de muchas personas que no tuvieron para comprar sus medicamentos; vaya usted a saber si eso causara muertes. El dinero que debería ser para la asistencia social en el DIF estatal, lo ocupó la señora Karime Macías para irse de compras a Houston, Miami o a Santa Fe en la Ciudad de México. No se trató de una madre que robó un pan para dárselo a sus hijos, ni de un hombre que sin empelo se robó una gallina para llevarla a casa y le hicieran el mole de quince años a su hija.

Estamos hablando de una pareja codiciosa a más no poder. Dice Cuitláhuac García, gobernador electo de Veracruz, que sabe de leyes. Pues las leyes determinan que un funcionario público que utilizó el puesto para robar y con ello causar daño a sus gobernados, debe tener un castigo más severo. Duarte merece un castigo ejemplar para que lo que hizo no se vuelva a repetir. Duarte no tiene defensa.

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