AMLO, a pesar de su pragmatismo y alianzas cuestionables, es el líder izquierdista más grande de México

Andrés Manuel López Obrador FOTO: WEB

Uno de los errores que el ser humano comete, y eso le acarrea muchas desilusiones, es idealizar y rendirles culto a las personas. «El culto a la personalidad es un modo de necedad que se ha dado en todas las épocas, pero que quizá no estuvo nunca tan extendida como hoy», dijo en una ocasión la autora de Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar. Es cierto que en estos momentos el país requiere sacar a una recua de ladrones que se enquistaron en la administración pública, sin embargo, no resulta sabio ni prudente extender un cheque en blanco al candidato que tenga los mejores medios para hacerlo.

En el caso de Andrés Manuel López Obrador se le reconoce su templanza y congruencia en lo que se propone, su férrea lucha por la presidencia no es necedad ni terquedad, es perseverancia. Sin embargo, también tiene varios errores, el culto a su persona de parte de muchos de sus seguidores, hace que pasen desapercibidos para ellos. AMLO, en ocasiones, ha sido soberbio; en el 2006 le preguntaron que cuál era la estrategia para ganar y que cuál era su proyecto; su respuesta fue: «Yo soy la estrategia, yo soy el proyecto».

Su egocentrismo en esa contienda le restó puntos. Sus alianzas con sujetos de poca ralea y cuestionable calidad moral lo hace ver como un maquinador, un hombre que piensa que el fin justifica los medios. No obstante, a pesar de ello, el oriundo de Macuspana, Tabasco es y seguirá siendo el líder más grande de la izquierda mexicana.

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