Gustavo Martínez Bello quiere ser contralor del Orfis, pero hizo trampa en el Colegio de Notarios

Contralor
Gustavo Martínez Bello presentò sus argumentos ente el Congreso del Estado para ser el contralor interno del Orfis FOTO: WEB
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Armando Ortiz / Como si fuera un examen de la secundaria o de la preparatoria, un día al secretario particular de Adolfo Mota, un tal Gustavo Martínez Bello, se le ocurrió ser notario. Pero el señor poco sabía de las lides notariales, pues esas cosas no las enseñan en los colegios de “cargamaletas”. Fue por ello que se le ocurrió a él y a otro compañero que podían mandar a unos cerebritos que supieran todo sobre notarías para que presentaran el examen por ellos. Así lo hicieron, pero no contaban con que las cámaras del Colegio de Notarios graban todo lo que ahí sucede. De modo que el presidente del Colegio, al darse cuenta, pues los puso en su lugar. Este mismo sujeto, Gustavo Martínez Bello, recientemente despertó con la ocurrencia de ser Contralor Interno del Orfis. El señor está presentando sus argumentos ante el Congreso. De acuerdo con la “Política de Integridad”, «el personal del Órgano de Fiscalización Superior del Estado de Veracruz (Orfis), deberá conducirse con independencia, objetividad y rigor técnico, enalteciendo la honestidad, la ética y el profesionalismo, debiendo ser intachables en el desempeño de su trabajo y preservar la transparencia de los asuntos que tienen bajo su encargo». ¿Después del trinquete que intentó hacer en el Colegio de Notarios, se puede decir que Gustavo Martínez Bello enaltece «la honestidad, la ética y el profesionalismo»?

Funcionarios públicos, sensibilidad, dignidad y respeto; Jorge Alberto Moctezuma que se regrese a la CDMX, de todos modos, allá sigue cobrando

El audio que publicara Libertad bajo Palabra, en donde se escucha a una trabajadora de CMAS preguntando sobre el pago de su quincena, dado que ha estado yendo a laborar (checó entrada y salida desde el 31 de diciembre hasta el 16 de enero) es una muestra de cómo algunos funcionarios públicos, una vez que tienen un poco de poder, se desnudan de sensibilidad, al tiempo que ignoran lo que es la dignidad y el respeto que merece una persona, un ser humano que ha cumplido con sus obligaciones de manera puntual. Si se tiene la difícil tarea de anunciar a un empleado que su contrato laboral queda rescindido, o si se tiene la penosa encomienda de avisar a cada empleado que va a ser despedido, lo menos que puede uno anteponer es el respeto, al tiempo que se debe cuidar la dignidad de la persona a la que se le va a dar la mala noticia. Esa persona, a la que se despide, se queda sin ingresos para llevar a su casa; esa persona tendrá en adelante que lidiar con una difícil crisis en un país donde el empleo escasea. El trato que da Jorge Alberto Moctezuma a la emplead que despide es por demás inhumano; ¿no entiendo cómo es qué algunas personas que escucharon el tono, las palabras, la prepotencia del tipo y su indolencia todavía se atrevan a defenderlo? Si Hipólito Rodríguez tuviera dignidad lo despediría inmediatamente, de todos modos, sólo pidió licencia en el trabajo que antes tenía.

Dice Madame Gina que jueza le tiene mala voluntad; lo que uno siembra, eso es lo que cosecha

Una de las excusas que los niños ponen a los padres cuando entregan la boleta con malas calificaciones es decir “la maestra me tiene mala voluntad”. Pues como una párvula se porta la madame Gina, la exvicegobernadora, cómplice directa de Javier Duarte. Gina dice que ha entregado las planas completas, ha entregado la tarea y se ha comportado muy bien en Pacho Viejo, pero la jueza Verónica Portilla le tiene mala voluntad y por eso ha echado para atrás todos los recursos legales que ella ha interpuesto para poder salir libre de la cárcel en donde sólo está vinculada a proceso. Bueno, Gina se quejó de que un día la dejaron pasar hambre, al no permitir en una audiencia (la del 23 de noviembre) que le pasaran siquiera una torta de jamón, de esas que tanto gustaban al Chavo del 8. No Gina, no hay mala voluntad. Eso que a usted le pasa es lo que en las Escrituras se llama la ley de retribución: “Todo lo que el hombre siembra, eso es lo que cosecha”. Sembró usted vientos, ahora coseche tempestades.

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