El preso Javier Duarte y su falso y tonto orgullo

Duarte
Javier Duarte de Ochoa FOTO: WEB
- en Avenida Principal, Carrusel

El señor Javier Duarte aparece en escena, dando a conocer y entender que está encarcelado injustamente. «Algún día diré porque estoy aquí». No se requiere ser un analista político muy experimentando para entender que, el regordete exgobernador, formó parte del tinglado sistema para financiar la campaña presidencial de su partido, bueno del que era, se recordará que la cúpula priista lo echó fuera por corrupto. Cómo era posible que este apestado se siguiera codeando con semejantes personalidades puras e impolutas.

Javier Duarte tiene la sangre espesa como de un toro, le cae mal a la mayoría. Y esto se nota, aunque está en una situación vergonzosa e ignominiosa, su falso y tonto orgullo lo impulsa a vociferar y lanzar improperios. Olvida que su esposa es señalada e investigada como cómplice de sus fechorías y que su parentela casi está a salto de mata.

Olvida que el escenario político no le favorece. Y tal vez habrá que recordarle que lo peor que le podría pasar es que en el 2018 gane Andrés Manuel López Obrador. Si eso sucede, sabe que su esperanza de salir libre se esfumará rápidamente.

Lo cierto es que los veracruzanos ya queremos que la guillotina de la justicia lo sentencie y en verdad se deje un precedente de que el que la hace la paga. Ya veremos si el Gobierno Federal no pretende usarlo como ariete contra sus enemigos políticos.

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