Peña Nieto, el impoluto, nos da una cátedra magistral sobre la corrupción

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El presidente Enrique Peña Nieto FOTO: WEB

Que alguien le diga al señor presidente Enrique Peña Nieto que la palabra corrupción dentro de un enfoque social y legal se encuentra definida como la acción humana que transgrede las normas legales y los principios éticos. Como desgraciadamente, lo han hecho regularmente, muchos gobernadores que están señalados, y que fueron sus íntimos amigos. Se puede decir que la corrupción significa el incumplimiento de manera intencionada del principio de imparcialidad con la finalidad de extraer de este tipo de conducta, un beneficio personal o para personas relacionadas con el que ostenta el poder, como en su caso, su esposa obtuvo una casa blanca.

Cuando se dice incumplir el principio de imparcialidad, se está siendo referencia en el sentido de que exige que las relaciones personales no deberían influir en las decisiones económicas que involucren a más de una parte. Por ejemplo, una empresa necesita de un proveedor de papelería, por lo que varias empresas licitan para quedarse con el puesto, sin embargo, el encargado de la selección es pariente de uno de los aspirantes, por lo tanto, la licitación la ganará el familiar, como por ejemplo, las hermanas de su esposa.

Que no se le olvide al primer mandatario que la corrupción, tanto administrativa como política, se refiere a los delitos que se cometen en el ejercicio de un cargo público para conseguir una ventaja ilegítima, acto que se comete regularmente, de manera secreta y privada, como lo hizo su amigo Emilio Lozoya en Pemex. Así que, antes de hablar de corrupción, primero hay que barrer la casa.

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